Ámense unos a otros con un afecto genuino y deléitense al honrarse mutuamente.
Romanos 12:10 (NTV)

Cultura de HonorHonrar (griego time) significa dar valor y reverencia de acuerdo al rango asignado o al precio pagado por algo o alguien. El fundamento para honrarnos mutuamente es el precio que fue pagado por nuestra salvación—la preciosa sangre del hijo de Dios.

Cuatro Características de una Cultura de Honor
Cada miembro de una comunidad que adopta una cultura de honor va a exhibir, entre muchas otras cualidades, estos cuatro comportamientos.

1. Trata a los demás como realeza

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre.
Apocalipsis 1:6 (RVR1960)

No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Filipenses 2:3-4 (NTV)

El secreto para ver a los demás como superiores o mejores a uno mismo es reconocer el valor que los demás tienen delante de Dios. Cada uno de tus hermanos y hermanas en Cristo son realeza, hijos e hijas del Rey de Reyes. ¿Cómo tratas a la realeza? Con preferencia, respeto, reverencia y admiración.

2. Le da prioridad a las relaciones sobre las reglas

Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.
Colosenses 3:13 (NTV)

En una cultura de honor no hablamos mal de los demás (Santiago 4:11), no juzgamos a los demás (Romanos 2:1), no nos mentimos entre nosotros (Colosenses 3:9) sino que restauramos al caído y le damos honor aun cuando ha fallado. Valoramos la relación por encima de la razón.

La ley dice que quien rompe las reglas merece ser castigado. Pero una cultura de honor es opuesta a una cultura de legalismo donde se castiga y enjuicia a aquellos que han caído en pecado. Es una cultura de gracia donde seguimos el ejemplo de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio: “Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.” (Juan 8:11)

No condonamos el pecado pero tampoco condenamos al pecador, sino que extendemos amor incondicional.

3. No controla a los otros con palabras o hechos

Es más, sométanse unos a otros por reverencia a Cristo.
Efesios 5:21 (NTV)

Debemos dar honor y respeto a todos, incluso a quienes no se lo merecen. No importa si la otra persona no nos trata bien o no es confiable. No podemos dejar que los defectos de carácter de otra persona nos hagan entrar en un ciclo de control.

Cuando nos abstenémos de dar honra o criticamos a otra persona entramos en un espíritu de control, queriendo cambiar a la otra persona sin respetar su libre albedrío. El espíritu de control abre la puerta al chisme, el orgullo y el juicio. Por eso debemos someternos unos a otros voulntariamente como muestra de nuestro amor a Cristo, no sólo honrando a quienes están en posiciones de autoridad, sino a todos como hijos de un mismo Padre.

4. Reconoce la diferencia entre los diferentes dones y llamados

El cuerpo humano tiene muchas partes, pero las muchas partes forman un cuerpo entero. Lo mismo sucede con el cuerpo de Cristo… Pero nuestro cuerpo tiene muchas partes, y Dios ha puesto cada parte justo donde él quiere…. Esto hace que haya armonía entre los miembros a fin de que los miembros se preocupen los unos por los otros. Si una parte sufre, las demás partes sufren con ella y, si a una parte se le da honra, todas las partes se alegran.
1 Corintios 12:12, 18, 25-26 (NTV)

Puesto que en nuestra comunidad tenemos diferentes dones y llamados, debemos honrar la unción sobre los demás y permitir que se desarrollen dentro del cuerpo. Las diferentes unciones contribuyen algo único a la tarea de traer el cielo a la tierra, por lo que necesitamos una actitud que diga, “Tú tienes algo que yo no tengo, y yo necesito lo que tú tienes.”

Debemos entender nuestra relación con el resto del cuerpo y no criticar a aquellos con una función diferente, sino mas bien honrarlos por lo que aportan. Por ejemplo, aquel con llamado de evangelista no criticará al maestro o pastor por su “falta de amor por los perdidos” sino que honrará sus dones y funciones dentro de la iglesia.

Como cristianos, anhelamos avivamiento, un poderoso mover del Espíritu. En otras palabras, deseamos una cultura sobrenatural. Pero esa cultura sobrenatural de sanidades y milagros sólo se puede sostener con una cultura de honor, donde podemos vivir nuestra identidad en Cristo sin vergüenza ni temor, donde podemos ser quien Dios nos llamó a ser y hacer libremente.

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