Según la RAE, cortar es dividir algo o separar sus partes con algún instrumento cortante, y aunque es una palabra muy obvia, como cristianos se nos hace necesario estar recordando lo que significan este tipo de palabras para aplicarlas a nuestra vida.

Desde hace varios días Dios me ha estado inquietando con esta palabra y hoy decidí pedirle que me hablara al corazón y me explicara lo que me quiere enseñar.

Hay tres pasajes en la Biblia donde Jesús se refiere a esta palabra de una manera muy específica y quizá algo perturbadora. En Mt. 5: 29-30 – Mt. 18: 8-9 – Mr. 9: 43-47 Jesús se refiere a las ocasiones de caer que tienen las personas, lo drástico en este mensaje es cuando él insta a quienes lo escuchaban a CORTAR su mano o su pie o su ojo, si estos les llevaran a caer. La pregunta es: ¿Has pensado en estas palabras? ¿Te has imaginado amputándote tu propia mano o arrancándote tu propio ojo? Definitivamente es muy perturbador si meditamos en ello.

Pero ¿Por qué el CAER es tan importante para Jesús? ¿Por qué usa palabras tan fuertes como las que cita en estos versículos? Estuve buscando la definición de esta palabra y realmente me sorprende todo lo que puede llegar a significar y más aún si podemos llevar al contexto espiritual cada una de estas definiciones.

Caer:

  1. Moverse de arriba abajo por la acción de su propio peso.
  2. Perder el equilibrio hasta dar en tierra o cosa firme que lo detenga.
  3. Descender de un nivel o valor a otro inferior o menor.
  4. Desprenderse o separarse del lugar u objeto a que estaba adherida.
  5. Venir a dar en la trampa o engaño dispuestos contra él o ella.
  6. Venir impensadamente a encontrarse en alguna desgracia o peligro.
  7. Dejar de ser, desaparecer.
  8. Perder la prosperidad, fortuna, empleo o valimiento.
  9. Ir a parar a distinta parte de aquella que se propuso al principio.
  10. Desconsolarse, afligirse.

Si analizamos cada una de estas definiciones y la llevamos a nuestra vida espiritual, caer puede hacer referencia a todas las consecuencias que tiene el pecado, es decir, pasar de vivir en el espíritu para vivir en la carne, encontrarnos con un obstáculo para cumplir nuestro propósito, perder el enfoque, dejar de hacernos uno con el Padre, perder nuestra identidad, quedar fuera de la gracia, por lo tanto, vivir en desgracia, en ruina, vivir separados de Él, entre muchas más.

Pero volvamos a las palabras de Jesús, mientras leía esos versículos, el Espíritu Santo me recordó la historia de Aron Ralston, una historia que quizá Jesús predijo con sus palabras hace más de 2.000 años, ¿por qué? Porque Ralston literalmente se tuvo que CORTAR el brazo derecho con una navaja para poder sobrevivir.

En mayo de 2003 este montañista apasionado estaba descendiendo solo por unos barrancos en Utah y de repente una roca le cayó sobre el brazo y se lo aplastó por completo, allí quedó atrapado por 127 horas. Su poca reserva de agua se acabó y sumado a todo ello, nadie lo estaba buscando porque no le informó a nadie de su aventura. Cuando se estaba quedando sin esperanza, después de cinco días atrapado, decide grabar en la roca la fecha de su muerte y le graba un video a su familia donde se despide. Sin embrago, toma una navaja que tiene consigo y en un último intento, decide con su otra mano empezar a cortar su brazo con el fin de escapar. Logra hacerlo y finalmente luego de luchar contra la hemorragia de la amputación, la debilidad de su cuerpo deshidratado, los buitres sobrevolando aguardando por él y el calor de un sol inclemente, se topa con unos turistas en el camino quienes lo auxilian. Ralston sobrevive milagrosamente y continuó escalando montañas, bajando barrancos, haciendo hazañas, de hecho, en el 2005 se convirtió en la primera persona en escalar las 53 montañas de Colorado, también hace giras a nivel mundial compartiendo su experiencia, escribió un libro titulado “Entre la espada y la pared” y hasta le hicieron una película “127 horas”. Pero lo más impactante y según palabras del propio Ralston: “No perdí mi mano, gané mi vida de nuevo”, prácticamente lo que nos enseñó Jesús cuando dijo: “Más te vale entrar en la vida manco que ir con las dos manos al infierno” Marcos 9: 43.

Cabe aclarar que un corte o una amputación de algún miembro se hace cuando está en peligro la vida, normalmente en situaciones como: tumores malignos, gangrenas, en heridas durante la guerra o en accidentes de tránsito.

Es necesario que cortemos y amputemos lo que está poniendo en riesgo nuestra vida, nuestra relación con Dios, nuestra eternidad. Debemos hacernos las siguientes preguntas:

¿Está causando dolor?
¿Está generando heridas?
¿Nos está alejando de Dios?
¿Está estorbando nuestra intimidad?

Si la respuesta es afirmativa para alguna de estas situaciones, entonces es necesario cortar, es necesario renunciar, es necesario arrancar de nosotros eso que está matando lentamente nuestro propósito, nuestro destino y nuestra relación con Dios.

Y si volvemos a la definición de CORTAR, dice que para hacerlo es necesario usar un instrumento cortante y ¿cuál es nuestro instrumento? La espada de dos filos, esa que penetra lo más profundo de nosotros y discierne los malos pensamientos, los malos hábitos, las malas intenciones. Con la Palabra podemos atar y desatar, podemos matar o dar vida, podemos ganar la batalla, podemos defendernos y atacar al enemigo, pero también a nosotros mismos. Usémosla y cortemos lo que no es de Dios.

“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Hebreos 4:12

“Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y se pierden, sino de los que tienen fe y salvan su alma”.
Hebreos 10:39

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