“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.”
Mateo 5:13

Cuando una persona llega a la iglesia (no necesariamente a Cristo), su círculo de amigos es entre un 90% y un 100% de no creyentes. Pero poco a poco ese porcentaje se va reduciendo. Primero se aleja de los amigos de fiestas, aquellos con los que se divertía (ya fuera de maneras sanas o no). Luego se va formando una distancia con sus compañeros de trabajo o estudio, pues ya las conversaciones no son “edificantes” como las que tiene con sus hermanos y hermanas en Cristo. Más tarde, en algunos casos, la religiosidad que el nuevo creyente ha adquirido en la iglesia empieza a generar hostilidad en su familia y termina alejándose de ellos también. Al cabo de dos años, su círculo relacional es entre un 95% y un 100% de cristianos. Si se le dice que haga evangelismo, tiene que hacerlo con extraños en la calle, pues no ha formado nuevas relaciones con personas fuera de su congregación.

Efectivamente, es sal que ha perdido su sabor.

¿Cómo conociste tú de Cristo? En las encuestas informales que he hecho a través de los años, he visto que la gran mayoría de personas conocieron de Cristo a través de un familiar o amigo. Sólo un pequeño porcentaje lo hizo a través de otros medios. Pero cuando tenemos un sistema religioso que absorbe a la gente en “actividades de iglesia”, los llenamos de eventos, grupos de oración, estudios bíblicos, ayunos, vigilias, ensayos musicales, pre-encuentros, encuentros, post-encuentros, reuniones de intercesión, de planeación, cursos de discipulado, misiones, grupos de interés, y demás, no damos espacio para que la luz brille en la oscuridad.

“Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
Mateo 5:14-16

No hay nada malo en ese tipo de reuniones y eventos. Siempre debemos tener tiempos de edificación mutua y de entrenamiento. Pero Jesús dijo que somos sal y luz, por lo que nuestra intención debe ser salir y no encerrarnos en las paredes de la congregación.

Los religiosos de hoy son iguales a los religiosos del tiempo de Jesús, quienes tenían miedo de contaminarse si andaban con pecadores. Pero Jesús nos enseñó a hacer todo lo contrario.

“Y sucedió que estando Jesús sentado a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo con Jesús y sus discípulos; porque había muchos de ellos que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que El comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a sus discípulos: ¿Por qué El come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores? Al oír esto, Jesús les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.”
Marcos 2:15-17

Jesús atraía a los pecadores, era como un imán. A ellos les encantaba estar con él y lo rodeaban. Mientras que los pecadores se mantenían lejos de los fariseos, pues en vez de amor y compasión sentían juicio y rechazo. ¿Y tú? ¿Atraes o repeles a los pecadores?

Hace un par de semanas vi un artículo del pastor de una iglesia a la que asistimos cuando vivíamos en Vancouver, Canadá. El artículo explica por qué renunció a ser pastor después de 17 años. Entre las muchas razones que dio, me llamó la atención este pasaje:

“Aunque es maravilloso tener amigos cercanos en la iglesia, casi todos son creyentes. A través de los años, se hizo cada vez más difícil conectar con gente no cristiana. Sí, estábamos viviendo en una burbuja cristiana, y mi pasión por presentarle a la gente a aquel que cambió mi vida, lentamente se estaba perdiendo. Me ocupé con la iglesia, me ocupé con reuniones, preparando sermones, etc. Me excusaba creyendo que fui llamado a equipar a los “santos” para la obra del ministerio, y que sacar tiempo para estar con “no santos” era secundario a mi llamado principal. Pero ahora sé dentro de mi que no puedo vivir de esa manera. No puedo predicar lo que no practico, tengo que predicar lo que practico.” (Ver artículo completo en inglés aquí: https://goo.gl/BYjmfP)

Quizás es tiempo de que hagamos unos cambios en nuestra manera de vivir y relacionarnos. Quizás es tiempo que salgas de tu zona de comfort y empieces a ser luz en la oscuridad, sal de la tierra. ¿Qué vas a hacer al respecto?

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