Hace varios años, un día hablando con mi hijo mayor, me contó. “Imagínate mami que el abuelo de mi amigo tiene un yate de 41 pies, espectacular, la casa de ellos es inmensa y está llena de lujos. Su reloj cuesta siete mil dólares y tiene diamantes y hasta las gafas oscuras que usa son costosísimas”.

Yo lo miré y dije “wow, que bueno” y me quedó un sin sabor, porque como madre quiero darle todo a mis hijos. Y hasta allá no podía llegar. Por un instante aparté mis ojos de Jesús y los puse en las riquezas de este mundo. Por un momento pensé que la vida de mis hijos sería mejor si tuviéramos más dinero para darles gusto y más lujos.

Pero luego de hablar con mi esposo de la conversación con mi hijo, me di cuenta que en realidad, los lujos y el dinero no trae felicidad. Que los ricos y famosos necesitan de Jesús tanto como nosotros lo necesitamos porque todos necesitamos un Salvador. Y también entendí que las cosas de este mundo van a pasar pero las cosas eternas, mi relación con Dios, Su Palabra y Su espíritu son para siempre.

Cuando tengamos esos lapsus de mundaneidad – como yo los llamo – volvamos a poner nuestros ojos en Jesús, quien es el autor y el consumador de nuestra fe. Cuando pensamos en las cosas eternas, tenemos intimidad con Dios y nos dejamos llevar por Su Espíritu.

Hacer tesoros en el cielo es un principio establecido por Dios. Jesús nos exhorta en Mateo 6 a no afanarnos o preocuparnos ni estar ansiosos por las cosas terrenales pues Dios es nuestro proveedor. Busquemos primero el reino de Dios y como dice Su Palabra, todo lo demás será añadido.

Las referencias bíblicas del video son tomadas de la Nueva Traducción Viviente

Romanos 10:17. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Lucas 16:10-13. »Si son fieles en las cosas pequeñas, serán fieles en las grandes; pero si son deshonestos en las cosas pequeñas, no actuarán con honradez en las responsabilidades más grandes. Entonces, si no son confiables con las riquezas mundanas, ¿quién les confiará las verdaderas riquezas del cielo?; y si no son fieles con las cosas de otras personas, ¿por qué se les debería confiar lo que es de ustedes? »Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero».

1 Timoteo 6:17. Enséñales a los ricos de este mundo que no sean orgullosos ni que confíen en su dinero, el cual es tan inestable. Deberían depositar su confianza en Dios, quien nos da en abundancia todo lo que necesitamos para que lo disfrutemos.

Mateo 6:19-21. »No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar. Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.

Mateo 6:33. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (LBLA).

Hebreos 12:2. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios.

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