El corazón de lo proféticoHa habido muchos abusos del don de profecía dentro de algunos sectores de la iglesia en los últimos años. Una causa de esto es que no hemos entendido el propósito principal del ministerio profético ni hemos conectado con el corazón de Dios a la hora de dar una palabra de profecía.

Las siguientes son algunas reflexiones basadas en el libro Translating God (Traduciendo a Dios) de Shawn Bolz.

El don profético nos permite tener un vistazo del corazón de Dios y así poder tratar a la gente de la manera que Dios quiere tratarla. Debe ser nuestro estilo de vida, ver a las personas como Dios ha anhelado que sean vistas y, desde esa revelación, tratarlas desde su cultura de amor para que ellas quieran ser las mejores versiones de sí mismas.

El ministerio profético consiste en que tú seas una puerta a los pensamientos, emociones y corazón de Dios para otros a través de tu conexión con él. Tu relación con Dios es la fuente principal y la meta de la revelación.

Debemos resaltar el amor en lugar de la información como la meta del ministerio profético.

La meta es simple: Ver lo que Dios ve, escuchar lo que Dios escucha, y hablar lo que Dios habla para poder amar como Dios ama. Dios nos da una revelación para que llevemos un pedazo del corazón de Dios de la eternidad al mundo.

Jesús veía a las personas desde el punto de vista del Padre, desde sus intenciones y diseño original para ellos, aunque la realidad actual fuera otra. Él no trataba a la gente como él quisiera que fueran algún día, sino que los trataba como si ya hubieran sido restaurados. Jesús sabía el valor que ellos tenían para el Padre y de ahí venía su compasión por ellos. Pero iba más allá, pues Jesús podía ver lo que pasaría si los conectaba con el Padre.

Debemos tener esa misma revelación en nuestro ministerio profético. No es simplemente desarrollar un don, un ministerio, sino descubrir el llamado eterno de estar en Jesús, encontrar nuestra identidad en Cristo y poder vernos como nos ve el Padre. Nos ayuda a poner nuestra esperanza en nuestro propósito eterno, en los sueños de Dios para nosotros.

El don profético es un don de amor, pues nos muestra el corazón del Dios de amor. Cuando escuchamos esa revelación de amor, nos podemos levantar por encima de las limitaciones, las circunstancias y el pasado. Pero es difícil ver la profecía como un regalo de amor cuando muchos profetas se han empeñado en discernir las fallas de los otros y las cosas que causan vergüenza. Y luego dan palabras de corrección o dirección que no ayudan a nadie. O aun peor, pronuncian juicios sobre la gente porque tienen una teología que se acerca más al fariseismo que a la gracia.

Pero hay una gran diferencia entre discernir información espiritual y comunicarnos en una relación directa con Dios. Su plan eterno es que veamos lo que Él ve para que podamos amar como Él ama.

En Apocalipsis Juan vio a la iglesia como la novia de Cristo, pura y sin mancha, vestida de lino fino. Esa revelación cambió su perspectiva de la iglesia así la realidad de su época fuera la de divisiones, pecados sexuales y pasividad en las iglesias de Asia Menor. La realidad de la revelación le hacía ver a la iglesia no con una gloria futura sino con una gloria ya establecida y prometida.

No se necesita unción para ver lo malo en las personas. Ellas ya lo saben. ¡Mira el oro y díselos! ¿Qué pasaría si tratáramos a los demás desde su niñez como si fueran la persona más importante en la historia y la eternidad?

Pablo usó la analogía de un atleta para referirse a la vida cristiana. Tu meta al dar una revelación a otros debe ser animarlos diciéndoles que no solamente son buenos atletas sino que son dignos del primer puesto. Así como Juan, debemos ver a los demás como más que vencedores. como la novia de Cristo. Eso va a ayudar a los demás a saltar obstáculos que no les deja ser empoderados.

Nunca tendremos autoridad sobre lo que no amamos.

Hay profetas o simplemente cristianos que critican y condenan a los artistas, actores, presidentes y demás personas famosas. Aunque Dios ama a esas personas, nos comportamos como si Dios las odiara. Dios no odia a nadie. Y para movernos en lo profético debemos vivir en esa cultura del corazón del Padre. Ese amor es la pista de aterrizaje para sus pensamientos e intenciones para la humanidad. Si estamos en contra de las personas, los países y las industrias, ¿cómo vamos a recibir revelación para ellos?

Si hablo en contra del presidente o del alcalde o del cantante de reguetón, Dios no puede enviarme a ser su voz profética para ellos pues no lo haré con honor, amor, ni compasión ni bondad. Si ellos escuchan nuestras críticas, se alejarían más de Dios. Debemos caminar en amor para tener la autoridad de hablar a sus vidas.

El poder de Dios no está separado de su amor. Si quieres tener influencia debes unirte a su naturaleza de amor. Eso significa tener una actitud de aceptación hacia todos y todo lo que es de Dios así no puedas controlarlo o manejarlo.

Así como Barnabás creyó en Saulo de Tarso cuando nadie más creía en él, a través de lo profético debemos ver el valor total de la gente y enfocarnos en lo positivo que Dios ve, no en lo negativo de sus pasados. Vamos a crecer en autoridad para alcanzar personas de autoridad cuando veamos el valor que esas personas tienen a los ojos de Dios.

Cuando la gente no acepta la dirección divina, se desenfrena. Pero el que obedece la ley es alegre.<
Proverbios 29:18

La revelación (profecía) trae propósito y dirección a las personas. El espíritu de revelación es básicamente el Espíritu de Dios manteniéndonos conectados a sus pensamientos y su corazón por nosotros y Jesús.

Antiguo Testamento vs Nuevo Testamento

En el Antiguo Testamento Dios escogía a alguien especial y hablaba a través de esa persona al pueblo. Esos profetas debían ser muy cuidadosos porque eran los únicos administradores del deseo de Dios en la tierra en sus días. Si no decían lo que Dios mandaba, el pueblo era engañado. Si la gente no obedecía, eran castigados.

En el Antiguo Testamento, la profecía era acerca de obedecer al Señor a través de sus siervos escogidos. Pero en el Nuevo Testamento, cada creyente está conectado al Espíritu de Dios y cada uno es justificado por su fe individual en Dios. Cada uno es responsable de su propia jornada espiritual y crecimiento con Dios. No necesitamos esperar escuchar de alguien más (de un profeta), sino que es nuestro deber escuchar de Dios en su Palabra y a través del Espíritu Santo.

Por eso es que la profecía debe ser para edificar, exhortar y consolar, porque Dios ya debe estar hablando a tu corazón todo el tiempo y la profecía es una validación de lo que ya te ha hablado Dios.  Eso no significa que las profecías no pueden indicar una nueva dirección, pero el propósito de la profecía no es darte una dirección en forma de mandamiento. Debe dejar espacio para que la persona que recibe la palabra le de cuentas a Dios por sus decisiones, no obligar a la persona a hacer algo.

La Biblia es la guía final en nuestras vidas y allí encontramos todo lo que necesitamos saber de parte de Dios. Por ejemplo, si alguien te dice que te debes mudar a otra ciudad porque Dios le dijo, pero tú no sientes que Dios te esté diciendo que te mudes, no tienes que mudarte. La Biblia no te dice que te mudes ni tampoco el Espíritu Santo.

Algunas iglesias tratan la voz del profeta y la autoridad de la Biblia como si fueran lo mismo, y muchas veces ni siquiera están conectadas. Las profecías de otros nunca deben violar nuestra voluntad ni nuestra habilidad para tomar decisiones.

Mucha gente hoy en día anda profetizando como si estuviéramos en los días del Antiguo Testamento. Eso causa control y manipulación de la gente, porque obligan a la gente a hacer cosas en contra de su voluntad en nombre de Dios, violando así su propio caminar de fe con Dios.

El mundo no necesita a otro Espíritu Santo u otro Jesús, sino que necesita que nos conectemos con su corazón. Si tratamos de hacer el papel del Espíritu Santo, vamos a caer en legalismo y condenación.

 

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