Se trata de relación, no de información
Mientras que en el Antiguo Testamento, los profetas debían ser 100% exactos o podrían ser apedreados, en el Nuevo Testamento no es así. Lo importante no es tanto la exactitud ni la información, sino el amor.

Lo importante es la fe que se expresa por medio del amor.
Gálatas 5:6b

En la profecía de Joel 2 que comenzó a cumplirse en Pentecostés, todos somos llenos del Espíritu y todos somos proféticos porque Dios restauró su relación con la humanidad a través de Jesucristo.

Eso significa que la meta y jurisdicción de la profecía no es darnos información de cómo Dios nos está guiando a un nuevo pacto o lejos de nuestros pecados. El propósito principal de las palabras del Espíritu es revelarnos el amor de nuestro Padre y nuestra relación con él. Puesto que todos podemos escuchar de Dios, el propósito cuando escuchamos una palabra para alguien más es edificar esa relación de amor y afirmar esa gran conexión.

Por ejemplo, a veces recibes una palabra de conocimiento que no es acertada pero la persona recibe salvación por el amor que le mostraste al interesarte genuinamente en sus necesidades y reflejar el corazón de Dios Padre.

Cuando disciernes algo, no significa necesariamente que estés recibiendo un mensaje profético de revelación. Es Dios iniciando una conversación. Es Dios ayudándole a tu hombre interior usar sus ojos espirituales y sus sentimientos para conocer algo del mundo a tu alrededor. Dios quiere que hables con él acerca de lo que discerniste y hables con él al respecto. Luego él puede revelar su corazón y sus pensamientos al respecto.

Muchas “profecías” son solamente palabras de discernimiento, porque la persona que las da no ha ido más allá de su propio entendimiento hacia el corazón de Dios. Cualquiera puede discernir algo si escucha por un momento, pero debemos perseguir el corazón de Dios a través de su Espíritu y escuchar lo que está diciendo acerca de lo que discernimos.

Conocimiento que no está casado con el amor se vuelve religión.

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
Juan 3:17

El trabajo del Espíritu Santo es convencer al mundo de pecado. Nuestro trabajo es amar al mundo, mostrándole a las personas quienes son delante de los ojos de Dios. Cuando la gente ve quien es Dios y lo que quiere, van a querer conectarse con Dios y proteger esa conexión a toda costa una vez la experimentan. Sin embrago, si no comenzamos dando una revelación de quien es Dios sino sólo los principios de su reino, entonces la gente no va a llegar o querer llegar a una relación con él.

La santidad no es la ausencia de pecado. Es la habilidad de ver lo que vale la pena proteger y luego decirle no al pecado para proteger lo que amamos (nuestra relación con Dios). Cuando entendemos esto podemos ser profetas de amor y no profetas de juicio que le dicen a la gente que tienen que cambiar antes de poder tener una relación con Dios.

Nadie necesita lo profético para saber qué está mal en su vida. Todos sabemos nuestras debilidades. No necesitamos ser avergonzados públicamente para mejorar. Necesitamos esperanza y vida. Jesús invirtió su tiempo en la gente para mostrarles el corazón del Padre, no para juzgarlos ni condenarlos.

Las profecías de juicio y calamidad
Nuestra humanidad quiere ver justicia en la tierra, donde los malos son castigados y reciben el pago que se merecen. Y por eso tendemos a ver a las personas como enemigos de Dios y objetos de su ira.

En Efesios 6 dice que nuestra lucha no es contra carne ni sangre sino contra fuerzas espirituales de maldad. O sea que nuestra guerra no es contra la humanidad.

Dios no está en el negocio de traer destrucción y calamidad sobre los pecadores. Obviamente las consecuencias del pecado son malas y la gente sufre por sus pecado y maldad. La paga del pecado es muerte. Pero la Biblia declara que Dios mueve su mano a favor de la viuda y el huérfano y los necesitados.

Algunos cristianos profetizan terremotos e inundaciones y sequías como un juicio de Dios sobre los pecadores. Pero eso es como decir que el sacrificio de Jesús no fue suficiente castigo por el pecado entonces Dios los tiene que castigar otra vez. Ese no es el evangelio.

En agosto del 2005, el huracán Katrina inundó y devastó la ciudad de New Orleans en los Estados Unidos. Muchos “profetas” dijeron que era una castigo de Dios por los pecados de la ciudad. Sin embargo, es importante notar que el Barrio Francés, donde se hacen las fiestas paganas de Mardi Gras y donde se concentra el pecado de la ciudad, casi no sufrió daños por el huracán. Katrina destruyó más iglesias y casas de familia, que lugares de pecado–no exactamente lo que se esperaría de un juicio contra el pecado.

Toda profecía debe tener un elemento redentor. Incluso en el Antiguo Testamento, las profecías de juicio declaraban la misericordia de Dios y llamaban al arrepentimiento. Son entonces profecías de advertencia, no de juicio.

Dios quiere cambio y transformación y tiene que haber un cambio evidente, como cuando Israel se volvía a Dios en el libro de Jueces luego de un tiempo de opresión por parte de sus enemigos.

Hubo un profeta en África dijo que para cierta fecha Dios iba a quemar todas las cosechas en la región como castigo por el alcoholismo y pasó la fecha y no ocurrió. Si no hay forma de medir si el alcoholismo bajó en esa época, no hay manera de probar que era una profecía condicional verdadera. Entonces es mejor no decir nada, porque hacemos ver mal a Dios.

Digamos que alguien da una palabra acerca de una tragedia como la de Mocoa en Colombia que por el pecado de la gente o la corrupción y luego la tragedia ocurre. Si no se puede definir qué cambio ocurrió debido a la palabra, entonces ¿de qué se trata la palabra en primer lugar? Dios no simplemente da información. Él ama al mundo y quiere transformar la gente, no matarlos porque está enojado con ellos.

Aunque desde el principio Jesús tuvo el discernimiento de que Judas lo iba a traicionar y Pedro lo iba a negar, durante más de tres años los trató igual que a todos e invirtió en ellos, pues estaba desarrollando una cultura de amor.

Si el reino fuera solamente acerca de principios sobre lo bueno y lo malo, entonces Jesús nunca hubiera ido tras Pedro para restaurarlo en amor. Lo hubiera juzgado como no digno y se hubiera buscado a otro más justo. Pero Dios no mira nuestras debilidades actuales como algo que nos descalifica, sino que ve lo que seríamos si le seguimos de todo corazón y nos ama de esa manera.

Tenemos que ver lo que Dios está haciendo, no sólo lo que el hombre está haciendo o lo que el diablo quiere hacer.

Dios te ha dado discernimiento para que puedas orar y obtener su perspectiva espiritual. A veces Dios nos muestra lo que no está pasando (lo que alguien no está haciendo) para que podamos definir el vacío y orar por una solución que venga del corazón de Dios.

Discernimiento sin relación puede causar división y manipulación. A veces vemos cosas malas o pecados en la gente pero es para que le preguntemos a DIos qué quiere hacer al respecto.

La profecía se trata de relación
Dios se comunica de diferentes maneras y debemos aprender a escuchar en medio de una relación intima.

Él es primeramente un padre y luego un rey, no un rey que es un padre. Él está más interesado en comunicarse con nosotros para que hagamos cosas con él en vez de para él.

Como padre, Dios nos da la libertad de tomar decisiones y riesgos y madurar en nuestro conocimiento de su voluntad. No nos da instrucciones detalladas para todo sino que nos invita a buscarlo diariamente y a confiar en su guía a través del Espíritu en nosotros. Así se forma nuestra identidad.

Es privilegio de Dios ocultar un asunto, y privilegio del rey descubrirlo.
Proverbios 25:2

 

Para crecer en lo profético debemos aprender a rendir cuentas.

Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;
1 Corintios 14:32

Este verso no es solo para decir que hay que profetizar ordenadamente. No dice que los profetas deben ser conscientes de lo que están profetizando, deben administrar bien su don y deben dar cuentas a la comunidad a la que le profetizan.

Solo unos versículos hablan de los ministerios pero todo el Nuevo Testamento está lleno de versos acerca de nuestra identidad como hijos y coherederos con Cristo. Ahí está el enfoque.

Cuando estamos creciendo en lo profético, debemos tomar responsabilidad por nuestro ministerio.

Muchas veces si una palabra no se cumple, la persona cree que Dios está enojado con ella, que el diablo se está oponiendo o que hay pecado en su vida. Podemos aliviar esos sentimientos si hacemos seguimiento de nuestras palabras cuando profetizamos. Si tomamos responsabilidad ellos entenderían que fue error del profeta y no de ellos.

Cuando le hacemos seguimiento a las profecías, vamos a crecer y aprender de nuestra debilidades y fortalezas. Vamos a madurar.

No es tarea de la gente que recibe la profecía tomar la responsabilidad sino del profeta.

Cuando recibimos palabras proféticas debemos crear un ambiente de retroalimentación y evaluación realista. Si alguien profetiza sobre ti tienes el derecho de decir que no estás de acuerdo, pero con amor. No estás rechazando a la persona si rechazas la palabra. Si te ofendes o se ofende hay un problema de identidad. Pablo no aceptó la palabra de los discípulos ni de Agabo que no fuera a Jerusalén. Aún así la relación continuó.

El don profético no es para ejercer poder sobre otros, sino para comunicar el corazón de Dios. Profetizamos en parte y nos podemos equivocar. Por eso debemos dar cuentas y ser corregidos.

JUZGANDO LAS PROFECÍAS

Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen.
1 Corintios 14:29

A veces la gente dice que recibió una palabra de Dios pero en realidad es una respuesta emocional a sus circunstancias o sus hormonas. “Me voy a casar con tal persona” o “Me voy a casar este año” o “Ese trabajo es para mi” o “Me voy a ganar la lotería”.

No pasa pero lo deseábamos tanto que lo reclamamos con una fe basada en el desespero.

Cómo juzgar palabras proféticas:

1. Recibe retroalimentación: Pide a la persona que le profetizaste que te diga qué partes conectaron con su espíritu y cuáles no.
2. Haz seguimiento a la información que se pueda juzgar: escribe lo que profetizaste y la información de contacto de la persona para ver si ocurrió o no.
3. Cuando des palabras, grábalas y luego escúchalas, para juzgar las diferentes partes. Cuando recibas una palabra, escúchalas en diferentes temporadas en el futuro para ver si te sientes diferente respecto a lo que dice.
4. Da y recibe retroalimentación lo más rápido posible.
5. Si recibes una palabra para la iglesia, debe juzgarse respecto a lo demás que Dios la haya estado hablando al liderazgo y la comunidad.

Si quieres crecer en autoridad para dar palabras poderosas a otros, entonces crece en amor. Enamórate de la gente a tu alrededor y tu ciudad y vas a poder ver con los ojos de Dios para ellos y profetizar sus destinos en Cristo.

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