El pastor Andrew Stoecklein de Inland Hills Church (Chino, California) se suicidó 24 de agosto de 2018.

Esta mañana quedamos conmocionados por la triste noticia de un pastor de 31 años en California quien se suicidó después de luchar con ansiedad y depresión por un largo tiempo. Nuestro corazón se partió al saber de su joven esposa y los tres niños pequeños que ahora son huérfanos.

Desafortunadamente la depresión sigue siendo un tema tabú dentro de la iglesia cristiana y no se reconoce por lo que es—una enfermedad real que afecta el cerebro y por ende toda la estabilidad psicológica y emocional de una persona. Una encuesta del 2013 muestra que un 50% de los cristianos entrevistados creen que la depresión se cura únicamente con leer la Biblia y con orar. Ese es el consejo que se le da a mucha gente en depresión: ore más y lea su Biblia.

¿Es ese el consejo que se le da a un enfermo de cáncer terminal o a un diabético dependiente de la insulina? No. Por lo general, se le recomienda que siga un tratamiento médico a la vez que se ora por sanidad. La depresión es igual—es una enfermedad y es tratable. Lo sabemos porque recién casados mi esposa tuvo episodios depresivos que luego del nacimiento de nuestro hijo se convirtió en depresión post-parto y luego en depresión crónica por varios años.

Tardamos varios años en buscar ayuda médica, sobreviviendo aferrados a las promesas de Dios en su Palabra, pero al final encontramos ayuda. La medicina para la depresión realmente ayudó. Bajo la depresión una persona no puede pensar claramente por sí misma ni tomar decisiones y la medicina ayuda a controlar el imbalance químico en el cerebro. Una vez se restaura el balance químico, la persona puede pensar claramente y tomar acciones prácticas para desarrollar mejores hábitos que la saquen del hueco de la depresión.

Sabiendo eso, cuando hace poco comencé a tener episodios depresivos y ataques de ansiedad busqué ayuda médica y el apoyo en oración de mis amigos e intercesores. Ahora estoy en tratamiento y renovando mi mente con la Palabra de Dios.

Confieso que nunca pensé que esto me fuera a pasar a mí. Los pensamientos y las emociones se disparan sin control y lo único que puedo gritar es “¡Jesús, ayúdame!” y cantar alabanzas para callar los pensamientos de muerte y tristeza que me sobrecogen.

Por eso es que me conmocionó la historia del pastor en California, porque ese pude ser yo. Las estadísticas de pastores en depresión son impresionantes. Una simple búsqueda en internet muestra cientos de historias y artículos sobre la depresión en el ministerio.

Hay varias razones por las que un pastor puede caer en depresión:

1. Guerra espiritual. Hay una realidad que los que hemos servido en el pastorado enfrentamos a diario y son los ataques espirituales que vienen por todos lados. El desánimo, la opresión espiritual y todo tipo de tribulaciones son muy comunes. Años de guerra espiritual continua te pueden dejar drenado emocionalmente.

2. La dura realidad del pastorado. Ser un pastor que cumple el perfil tradicional de la iglesia moderna es muy difícil. Si fuera tan sólo predicar, sería fácil. Pero la presión, los problemas y las expectativas de la gente terminan siendo un detonante para la depresión.

3. La sensación de no sentirse calificado. Todos los pastores llegan a un punto que se sienten como fracasados. Trabajan duro día y noche y el fruto no es el que se esperaba. Muchos se comparan con otros ministerios y cuando las iglesias no crecen o la gente se va, el golpe emocional es fuerte.

4. Los críticos y traidores. Esto es lo que dijo un pastor: “El liderazgo pastoral puede ser como morirse por mil cortadas. No es una sola persona o una sola crítica. Es un flujo constante de críticas. Es un peso que te cansa. Mi depresión vino gradualmente, así que cuando ya estaba en depresión profunda, no me di cuenta de lo que había pasado.”

5. Soledad. Es difícil encontrar verdaderos amigos cuando eres pastor, y cuando eres vulnerable con alguien, te juzgan, pues creen que debes ser perfecto.

Mi esposa y yo pastoreamos una iglesia en Medellín por tres años y medio, en los que experimentamos esas cinco cosas. La guerra espiritual constante, las demandas insensatas de la gente, el sentimiento de no servir para la obra, así como críticas y soledad. En varias ocasiones miembros de la iglesia nos citaron para decirnos por qué éramos unos malos pastores en su opinión y cómo ellos harían las cosas diferentes si estuvieran en nuestra posición. En una ocasión, mientras pasábamos por una situación financiera muy difícil tanto familiar como en la iglesia, mi esposa y yo decidimos ser vulnerables con los líderes y abrir nuestro corazón. El resultado es que nos acusaron de estar endemoniados y no aptos para liderar. En lugar de apoyarnos, se fueron en contra nuestra.

Historias negativas hay muchísimas, pero el objetivo de este artículo no es desahogarme. El objetivo es hablar de algo que generalmente no se habla y que por eso tiene consecuencias terribles como la del pastor que se quitó la vida este pasado fin de semana.

El pastorado tiene muchas cosas positivas, pues es una herramienta de liderazgo, capacitación y cuidado dentro del cuerpo de Cristo. Pero la forma en que la iglesia ha perfilado la función pastoral es equivocada y no es bíblica.

El autor Frank Viola, un experto en historia de la iglesia, dice lo siguiente acerca del rol del pastor moderno:

La frecuencia de la depresión, el vacío, el estrés, y la descomposición emocional es terriblemente alta entre los pastores. Al tiempo de esta impresión, hay más de 500.000 pastores sirviendo a iglesias en Los Estados Unidos. De este gran número, considere la estadística siguiente que revela el peligro mortal de la posición del pastor:

* 94 % se sienten presionados por tener una familia perfecta.
* 90 % trabajan más de 46 horas la semana.
* 81 % reportan una insuficiencia de tiempo con su cónyuge.
* 80 % creen que el ministerio pastoral afecta a la familia negativamente.
* 70 % no tienen lo que se considera un amigo íntimo.
* 70 % tienen una autoestima más baja ahora que cuando entraron el ministerio.
* 50 % se siente incapaz para cumplir las necesidades de la posición.
* 80 % están desanimados o con depresión.
* 40 % reportan sentirse apagados, de horarios frenéticos, y expectativas irreales.
* 33 % consideran el ministerio pastoral un peligro para la familia.
* 33 % han considerado renunciar su posición durante el último año.
* 40 % de las renuncias pastorales se debe a sentirse vacíos (el fuego se apagó).

Se espera que la mayoría de los pastores cumplan 16 tareas a la vez. Y la mayoría se pulverizan bajo la presión. Por esta razón, 1.600 ministros entre todas las denominaciones de los Estados Unidos son despedidos o renuncian a la fuerza cada mes. Durante los últimos 20 años, el promedio de un pastorado ha menguado de 7 años a un poquito más de 2 años.

Lamentablemente, pocos pastores han conectado los puntos para descubrir que es la posición de pastor que causa esta turbulencia subyacente. Sencillamente, Jesucristo nunca quiso que una sola persona desempeñe la variedad de cosas que se requiere del pastor. Él nunca quiso que alguien lleve una carga tan grande.

En otro artículo hace unos meses, expliqué mis razones por las que renuncié a ser pastor y que tienen mucho que ver con lo que Frank Viola menciona. El pastorado moderno no es bíblico porque se le está dando a un miembro del cuerpo las funciones de todos los demás miembros.

Si eres un pastor leyendo esto, no te quedes callado. En el Salmo 13, David está luchando con el desanimo y la depresión al ser perseguido por Saul. David le abre su corazón a Dios y expresa su agonía, pero termina declarando su confianza en Dios y alabando. Hay esperanza, pero debes buscar ayuda (familiar, espiritual y profesional) y cambiar la manera de hacer las cosas. El pastorado estuvo a punto de destruir mi matrimonio de 15 años. Pero mi primer ministerio es mi familia y por eso le bajé el ritmo al ministerio considerablemente. El formato de iglesia me estaba desgastando y no estaba cambiando vidas y por eso renunciamos a las tradiciones de los hombres para volver a la esencia del nuevo testamento, la ekklesia. Te invito a que hagas lo mismo.

Si estás leyendo esto y no eres pastor, pero tienes pastores, por favor ora por ellos. Te necesitan. Además, apóyalos, defiéndelos e interésate genuinamente en su bienestar. Recientemente, cuando cambiamos el formato de cómo hacíamos las reuniones de la iglesia y otros cambios estructurales, varias personas de la congregación se nos acercaron para decirnos lo duro que fue para ellos asimilar esos cambios. Pero no nos preguntaron cómo nos sentíamos nosotros ni cómo nos afectaron emocionalmente los cambios. Obviamente nosotros fuimos los más afectados, pues renunciamos a la misión con la que estábamos y perdimos muchas cosas y gente en el proceso. Tanto así que se detonó la ansiedad y la depresión en mi.

Gracias a Dios, ahora tenemos un grupo de amigos que nos están animando y trabajando con nosotros en esta nueva etapa. Sin ellos, sería mucho más difícil. Así que si puedes ofrecerle tu amistad sincera a un pastor, es el mejor regalo que le puedes dar.

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