Cuando rindes tu vida a Dios, cuando reconoces que ya Él lo hizo todo, cuando renuncias a lo que eres, incluyendo tu pasado y dejas que viva Dios en ti, entonces simplemente Él se encarga de todo.

Porque recuerdas Gálatas 2:20: Ya no soy yo quien vive; Es Cristo quien vive en mí. Mi vida en este mundo consiste en CREER en el hijo de Dios que me amó y se entregó por mí.

Hay una historia impactante en la Biblia, no sólo por el contexto en el que se desarrolla, sino también por lo que pasa en ella. Detalle que a veces ni siquiera notamos o que simplemente pasamos inadvertidos.

Se trata de una mujer que padece un flujo de sangre o una hemorragia severa y constante. Este relato lo encontramos en tres de los evangelios. En Mt. 9: 20-22, en Mr. 5: 25-34 y en Lc. 8: 43-48.

Describamos entonces la historia y hablemos un poco del contexto.

Resulta que la Biblia relata que hay una mujer que padece un flujo de sangre o hemorragia por más de 12 años. Y estuve consultando acerca de esta enfermedad y encontré que cuando el sangrado es tan intenso y constante puede deberse a varios factores.

La principal causa es la anovulación, es decir la falta de ovulación. También puede ser la manifestación de un cáncer de endometrio. O quizás, pueda deberse a una lesión del cérvix o de la vagina. Todas estas son anomalías estructurales, que por supuesto, además de la incomodidad del sangrado, pues también generan dolor.

Lo segundo que estuve consultando es como era tratada esta enfermedad en esa época. Resulta que para los judíos y según lo que relata Levítico 15: 19-30, la mujer mientras experimentaba su ciclo menstrual, era considerada impura, y específicamente dice lo siguiente cuando el flujo de sangre era prolongado:

“Cuando una mujer tenga el flujo de sangre durante muchos días, fuera del tiempo de sus reglas, o cuando estas se prolonguen, quedará impura mientras dure el derrame de su impureza como en los días del derrame menstrual”… Y es que era tan dura la ley, que decía literalmente que quién la tocara quedaba impuro y que donde se atreviera a sentarse o acostarse, también quedaba impuro, incluso, quién se atreviere a tocar esos muebles o esas camas, también quedaba impuro. Y sumado a semejante mandato, también la ley decía que debía permanecer aislada de los demás para no contaminar a nadie.

Ahora, por sólo un momento, imagina si en nuestros tiempos, si en pleno siglo XXI, la cosa fuera así todavía… ¿Imaginas tu vida cómo sería mes tras mes? Ahora entiendes un poco el infierno que esta mujer había experimentado durante 12 años…

Es decir, 12 años siendo “impura”, 12 años discriminada, 12 años mirada con desprecio y desdén, 12 años de bullying, 12 años torturada no sólo por los síntomas de su enfermedad, sino también por toda la comunidad donde se encontraba.

Y entonces ocurre lo inesperado. Ella desde su aislamiento escucha a la gente murmurar acerca de un tal Jesús, un Jesús que ha sanado enfermos, que ha liberado endemoniados, un Jesús que dice que es la vida, y que el que a él se acerque de su interior correrán ríos de aguas vivas, un Jesús que dice una y otra vez, vengan a mí los que están cansados y cargados que yo les haré descansar. Y entonces esas palabras retumban una y otra vez en la cabeza de esta mujer y decide arriesgarse, decide darlo todo por todo y entonces hace lo impensable…

La Biblia relata que a Jesús lo seguía una multitud, así que el primer reto de esta mujer, era abrirse paso delante de ella. Pero ¿recuerdas? Tenía que permanecer aislada y si tocaba a alguien, esa persona inmediatamente quedaba impuro.

Pero a ella no le importó, por primera vez pensó en grande, ¿sabes por qué? Porque ya lo había intentado todo, dice la Biblia que había gastado todo lo que tenía en médicos, tratando de encontrar una cura para semejante tormento y esta era la oportunidad para que pasara algo diferente…

Y entonces se lanza al ruedo y empieza a atravesar a la multitud tan rápidamente cómo puede y en un de repente, se topa con Jesús ¿imaginas lo que sintió? Un mar de emociones, por un lado, había llegado a aquel que iba a solucionar todos sus problemas, pero por otra parte, lo iba a tocar, lo iba a hacer impuro… Y boom, pasa todo lo contrario, en vez de hacer impuro a Jesús, un sólo toque al borde de su manto es suficiente para hacerla pura a ella, e inmediatamente queda sana y es libre de este azote…

Pero hay algo muy particular que hace Jesús, y es precisamente lo que más me sorprende en este relato y lo que Dios me está hablando hoy… Narra la Biblia que la mujer le toca el borde de su manto, ¿por qué solo el borde? Quizás ella pensaba que así él no se daría cuenta y además no lo estaría tocando directamente… Perooooo, era Jesús, obvio que sabía que era lo que iba a pasar y entonces esta mujer lo toca y desaparece rápidamente en medio de la multitud…

Sin embargo, Jesús se detiene y detiene a toda la multitud que lo seguía y entonces lanza una pregunta absurda, pero con un gran propósito, ¿sabes por qué? Porque Él siempre piensa en el más mínimo detalle…

Jesús se detiene y pregunta que quién es la persona que lo ha tocado, y Pedro, en medio de su agite de guardaespalda le dice, pero, o sea, Jesús, te sigue una multitud que prácticamente te está aplastando y preguntas ¿que quién te ha tocado? Pudo ser cualquiera…

Y entonces Jesús insiste, alguien me ha tocado, salió poder de mí, porque eso sí, la fe siempre hace que el poder de Dios se manifieste, así sea a través de un simple manto… Y entonces ella, temblando, con mucho miedo, totalmente angustiada y abrumada, sale en medio de la multitud, esperando el peor de los castigos, esperando que le pasara algo parecido a aquella mujer que querían apedrear, porque tenía prohibido estar en sociedad, tenía prohibido relacionarse con otros, tenía prohibido tan siquiera tocar a alguien… Y levanta la mano y tímidamente dice YO.

Y me surgía el interrogante una y otra vez, ¿por qué Jesús hace esto? Y entonces pensemos un poco en la respuesta… Él es Jesús, él ya sabía que había pasado, sabía que era una mujer enferma por más de 12 años y que ya había obtenido lo que tanto necesitaba, pero ¿por qué se detiene y la llama públicamente? ¿Acaso quería avergonzarla delante de todos? Claro que no ¿Sabes por qué? Porque ella necesitaba el milagro completo…

Imagina que Jesús no se detiene y sigue su camino, porque por cierto iba camino a orar por una niña que estaba agonizando… Y entonces, él se da cuenta que sale poder de él y listo, ya el milagro quedaba listo… Pero que iba a pasar con esta mujer… Quién le iba a creer que después de 12 años de estar aislada por impura, ella con sólo tocar el borde de un manto fuera sana… Nadie le creería ese cuentico… Y entonces Jesús hace que todos se detengan y la llama y públicamente le devuelve su identidad y su vida social, públicamente le dice, ¡HIJA, tu fe te ha salvado, eres sana! Y todos los que jamás se habían atrevido a acercase, la empiezan a tocar, y entonces el estigma de mujer impura desaparece, y delante de todos, ella ya ha sido sana… Jesús pensó en el mínimo detalle, pensó que sí dejaba la cosa así, no le iban a creer y la iban a seguir rechazando… Ella no sólo necesitaba su milagro, ella necesitaba su restauración social, ella ya había olvidado que era hablar con alguien, cómo se sentía desahogarse con un amigo, ella ya había renunciado a un esposo y a una familia… Y entonces llega Jesús y detiene todo y prácticamente les dice a todos los presentes: relájense, ella ya puede ser normal, ya se pueden acercar a ella… Él no la llamó para avergonzarla, Él la llamó para restituirle lo que se le había negado por tantos años…

Y entonces hoy yo te digo, no te preocupes, Él piensa en todo, no sólo en tu milagro, no sólo en lo que necesitas, Él va mucho más allá, Él se detiene en el camino, para todo y te entrega el paquete completo. Sólo cree que un simple manto es suficiente, sólo cree que una pequeña semilla de fe puede incluso mover un monte, este es tu tiempo, este es tu momento, en cualquier instante Él va a detener todo y boom, va a pasar lo inesperado.

Pero atiende a su llamado, recuerda, Él no lo hace para sacarte tu pasado en cara delante de otros, Él lo hace para restituirte y devolverte tu identidad delante de todos.

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. 
Apocalipsis 3:20

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