Por Diego Pineda

Como pastor, todas las semanas escucho las historias de muchas personas y familias en mi congregación. Una historia común es la de problemas financieros—el dinero no rinde, los negocios no funcionan, hay gastos inesperados.

Es evidente que la voluntad de Dios no es que sus hijos estén en constantes necesidades y ruina financiera.

Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud.
3 Juan 2

Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan.
Salmo 37:25

Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Filipenses 4:19

El problema no viene entonces de Dios sino de nosotros, cuando no seguimos los principios bíblicos de mayordomía como el diezmo, la generosidad y el no amar el dinero, entre otros. Pero hay un principio bíblico poco enseñado, que cuando no es guardado, trae ruina financiera.

En Génesis 3 leemos la historia de la caída del hombre en el jardín del Edén. Dios le había dicho a Adán que podía comer de todo árbol del huerto excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Un día, la serpiente (el diablo) tienta a Eva (no a Adán) y la convence de que coma del árbol.

Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió.
Génesis 3:6

Adán estaba al lado de su mujer cuando fue tentada y no dijo nada. No la defendió ni contradijo a la serpiente. Adán escuchó y obedeció a su esposa antes que a Dios. No cumplió su papel de cabeza del hogar y fue pasivo (desde allí viene la maldición de esposos pasivos a través de la historia).

¿Y cuál fue la consecuencia de haber escuchado a su mujer antes que a Dios? Mira lo que dice la Biblia:

Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
Génesis 3:17-19

La tierra fue maldita y ya no habría la abundancia que había en el huerto de Edén donde los árboles daban fruto abundante. Desde ese momento en adelante la tierra produciría espinos y abrojos. En otras palabras, empezarían las dificultades económicas para la familia de Adán.

Y aunque no es evidente en el contexto de la historia, hay un principio en operación aquí: cuando el orden divino se invierte en el hogar y el hombre no se sujeta a Dios sino a su esposa, hay ruina económica en el hogar.

El orden divino en el hogar es que el hombre es la cabeza y la mujer se sujeta a su esposo en amor.

Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo. Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.
Efesios 5:22-33

La sociedad moderna se ha dejado engañar por la serpiente de nuevo y ha puesto a la mujer en un rol de cabeza para el que no fue diseñado. En muchos países latinoamericanos la regla es el matriarcado, familias dominadas por la mujer donde el esposo pasivo no toma su papel como líder. E igual que con Adán, las finanzas del hogar son sujetas a maldición.

¿Qué significa entonces ser la cabeza del hogar?

  • Ser sacerdote del hogar: el hombre es responsable por la vida espiritual de la familia (esposa e hijos). Si tu esposa es la más espiritual de la casa, el orden está invertido. Una esposa más devota que su esposo lo puede arrastrar un poco, pero un esposo más devoto que su mujer la va a llevar a un nivel superior en Cristo.
  • Ser líder del hogar: el hombre es responsable por escuchar la voz de Dios y dar visión para el futuro (la educación de los hijos, planes de vida, ministerio, etc.). Incluso si la mujer escucha primero, debemos ser como Manoa (ver Jueces 13) y buscar la confirmación de Dios.
  • Ser iniciador: el hombre debe tomar la iniciativa en las decisiones del hogar (vacaciones, mudanzas, etc.) y la intimidad con su esposa (sexual y románticamente). Esto no significa que la mujer no tome nunca la iniciativa o que el hombre no secunde las ideas de su esposa—significa que intencionalmente, el hombre buscará ser el iniciador.
  • Ser protector: el hombre debe defender a su esposa e hijos de las criticas y burlas de otros y nunca hablar mal de ella delante de otros ni avergonzarla en público.
  • Ser proveedor: el hombre debe proveer el sustento a su familia además de suplir identidad a sus hijos y seguridad para todos.

Lo primero que debes tener en cuenta como hombre cabeza de hogar es que tu esposa se somete a ti, pero tú te sometes a Cristo. Cristo es tú ejemplo a seguir. Eso quiere decir que tú no exiges sumisión, sino que amas a tu esposa de tal manera (así como Cristo ama a la iglesia que entregó su vida por ella) que es fácil y deleitoso para ella sujetarse a ti y respetarte.

¿En qué áreas no has sido la cabeza de tu hogar? ¿Has visto las consecuencias en tus finanzas por no seguir el orden divino? ¿Qué vas a hacer hoy al respecto? Comparte tus ideas en la sección de comentarios.

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