yeshuaHay un concepto teológico conocido como Cristología del Espíritu. En resumen, dice que el Espíritu Santo era la fuente de todo el poder de Jesús durante su ministerio terrenal. Jesús no ejercitó nada de poder por o través de si mismo. Jesús se despojó de sus poderes divinos como parte de su pacto de obediencia con el Padre. Todos sus milagros fueron hechos a través del poder del Espíritu Santo, y no a través de su propio poder. Su vida de victoria sobre el pecado y la tentación fue posible sólo a través del Espíritu Santo.

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en
forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí
mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.
Filipenses 2:5-7

La palabra griega para siervo es doúlos, que se refiere a alguien que le pertenece a otro—un
esclavo que no tiene derechos ni control sobre su vida. Si vamos a seguir el ejemplo de Cristo
entonces vamos a tener la actitud de siervos, esclavos al Espíritu.

  1. La libertad espiritual no se define por la ausencia de ataduras, sino por aquello a lo que
    nuestro espíritu está atado—en lugar de servirle al pecado y al diablo, nos convertimos en
    siervos de Dios.
  2. Este acto de servicio a Dios, el entregarle el control, es un acto de amor que fluye de
    nuestro libre albedrío, cuando escogemos darle nuestras vidas a aquel que lo dio todo por
    nosotros.

Si queremos ser como Jesús en carácter y poder, debemos rendirnos incondicionalmente a la
voluntad del Espíritu. Eso es lo que Jesús hizo durante su ministerio terrenal. Él nunca usó su
propio poder o voluntad para hacer nada. Lucas nos dice cómo empezó su ministerio:

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto.
Lucas 4:1

En el idioma original, este verso nos da una imagen más detallada de la relación entre Jesús y el
Espíritu Santo, pues no solamente estaba lleno del Espíritu sino que era controlado por el Espíritu
(además de ser llevado de un lado para otro por el mismo Espíritu).

Luego, en el verso 14, Lucas dice que después de ser tentado, “Jesús regresó a Galilea en el poder
del Espíritu.” A continuación, Jesús va a Nazaret y revela el propósito por el cual ha sido lleno del
Espíritu Santo:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres.
Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados que los ciegos verán, que los
oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor».
Lucas 4:18-19

Jesús le entregó por completo su voluntad al Espíritu Santo hasta el punto de decir que sólo hacía
lo que veía al Padre hacer.

Entonces Jesús afirmó: —Ciertamente les aseguro que el hijo no puede hacer nada por su propia
cuenta, sino solamente lo que ve que su padre hace, porque cualquier cosa que hace el padre, la
hace también el hijo.
Juan 5:19

Nosotros debemos y podemos hacer lo mismo, pues tenemos los dos ingredientes principales que
tenía Jesús:

1. Libre acceso al trono de Dios.

Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y
hallemos gracia para la ayuda oportuna.
Hebreos 4:16

Gracias a la obra de Cristo en la cruz, puedes tener una audiencia con el Rey en cualquier
momento, simplemente enfocando tu atención y corazón en él. El secreto entonces es aprender
cómo hacer que esta realidad espiritual sea parte de nuestra vida diaria.

2. El mismo Espíritu que tenía Cristo.

Pero ustedes no están dominados por su naturaleza pecaminosa. Son controlados por el Espíritu si
el Espíritu de Dios vive en ustedes. (Y recuerden que los que no tienen al Espíritu de Cristo en ellos,
de ninguna manera pertenecen a él). Y Cristo vive en ustedes; entonces, aunque el cuerpo morirá
por causa del pecado, el Espíritu les da vida, porque ustedes ya fueron declarados justos a los ojos
de Dios. Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el
mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos
mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros.
Romanos 8:9-11

Ese es el secreto para ser como Jesús, dejar que el Espíritu Santo—el Espíritu de Cristo—tome el
control y viva él a través nuestro.

El proceso de rendirnos al Espíritu Santo es una tarea de todos los días.

Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su
manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. Si tratas de aferrarte a la vida, la
perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás.
Lucas 9:23-24

Nos negamos a nosotros mismos todos los días. Cedemos nuestra voluntad a la voluntad del
Espíritu, dejamos que el tome el control y que nos muestre lo que el Padre está haciendo y
diciendo. Todo comienza y termina con una vida de intimidad con Dios—estudiando la
Palabra, orando en el Espiritu, esperando en su presencia, adorando en espíritu y verdad—
pues es en su presencia donde somos transformados de gloria en gloria a la imagen de
Cristo.

Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del
Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el
Espíritu.
2 Corintios 3:18

El resultado de una vida controlada por el Espíritu Santo es una vida de santidad y poder,
donde seremos como Jesús en su carácter y su unción.

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