Según la RAE existen varias definiciones para esta palabra, entre ellas:

  • Forzar a algo o a alguien a que retroceda.
  • Contradecir lo que alguien expresa o no admitir lo que propone u ofrece.
  • Mostrar oposición o desprecio a una persona.

¿Has experimentado alguna de estas situaciones?

Hay un personaje en la Biblia que vivió muchas de estas situaciones, pero en vez de afectarlo o entristecerlo, antes lo hicieron más fuerte y lo prepararon para su destino glorioso. 1 Samuel 16 y 17.

La Biblia cuenta que Dios le ordenó a Samuel, un profeta de Dios, que se levantara y fuera a Belén, que él le iba a mostrar quién iba a ser el próximo rey. Samuel muy obedientemente va a la casa de Isaí, quien por cierto tenía 8 hijos. Curiosamente la Biblia narra que Samuel mismo preparó a 7 de los hijos de Isaí para que lo acompañaran a presentar una ofrenda a Dios y en este proceso Isaí se los presenta uno a uno. Cabe aclarar que todos eran de muy buen parecer y que, ante los ojos de Samuel, seguramente entre esos 7 jóvenes estaba el futuro rey. Sin embargo, Dios le habla a Samuel y le dice que no es ninguno de ellos, y que aún falta uno por conocer. Así que Samuel le pregunta a Isaí por su otro hijo, y aquel súper papá recuerda que faltaba uno en la lista, justamente el menor y el que cuidaba las ovejas.

Si analizamos esta pequeña historia, quizá podamos encontrarnos con una primera situación de rechazo, rechazo de un papá hacia su hijo menor. ¿Te empiezas a identificar? ¿Eres uno de esos hijos cuyos papás no tienen en cuenta para nada? ¿Eres acaso uno de esos hijos que no es precisamente el orgullo de la familia? ¿De esos que siempre presentan a los hermanos y demás miembros de la familia cómo los más tesos, pero que a ti ni te mencionan? Súper, vas por buen camino. Resulta que este hijo menor era David, siiii, David el que en un futuro llegaría a ser el Rey de Israel. Pero conozcamos más de su historia.

Casi que obligado, aquel papá debe llamar al hijo que falta y Samuel lo unge como rey en presencia de sus hermanos. Ah bueno, y es que la Biblia menciona que además de ser el que cuidaba las ovejas, era el que hacía los mandados ¿te ha pasado?

Luego ocurre una segunda situación, pero para adentrarnos en ella, me gustaría citar textualmente un versículo:

Entonces un siervo le dijo a Saúl:
—Uno de los hijos de Isaí de Belén tiene mucho talento para tocar el arpa. No solo eso, es un guerrero valiente, un hombre de guerra y de buen juicio. También es un joven bien parecido y el Señor está con él.
1 Samuel 16:18

Woww, increíble, ¿cierto? Pero continuemos. Pasan diferentes eventos y dice la Biblia que un tipo gigante, de casi 3 metros, empieza a atormentar al pueblo y que nadie, ni siquiera el ejército del rey, era capaz contra él, ah no, pero es que adivinen quiénes hacían parte del ejército, siiiii, los hermanos de David. Y en una de esas, ese gigante provocando al pueblo, pide que vaya un solo hombre, que sea un guerrero valiente para que luche contra él. ¿Recuerdan esa característica?

Luego, la Biblia relata que el papá de David, Isaí, lo envía para que le lleve comida a sus hermanos, recordemos, él era el de los mandados también, y David indignado por las palabras que lanzaba aquel gigante contra el pueblo, empieza a hablar con otros de lo que estaba sintiendo, y en esas llega uno de sus hermanos y sin saber si quiera para que había ido David, se enoja contra él y lo trata de chismoso, mentiroso y malicioso y el pobre David le contesta que si acaso él no puede opinar. ¿Te ha pasado algo así? ¿Se te hace conocida esa respuesta? Ya no era sólo su padre, sino también su hermano que lo rechazaba. Al parecer, nadie en su familia creía en sus talentos y en sus habilidades.

Hay una tercera situación que experimenta David. Este va donde el rey, que por cierto lo estimaba, y le dice que él se va a enfrentar al gigante, que le dé la oportunidad, pero llega el súper rey, la persona con más influencia y la más importante en ese momento, y le dice que él es muy joven, que apenas es un niñito y que como si fuera poco, ese gigante tenía toda la experiencia del mundo en la guerra. Vuelve y juega, ¿te ha pasado? ¿Has querido tomar la iniciativa con algo y personas más tesas e importantes que tú, te han dicho que no vas a ser capaz, que eso es imposible, que no tienes la suficiente experiencia? Pues a David también le pasó.

Pero sobre todo pronóstico, David convence al rey y este le da su permiso para enfrentarse al gigante.

Pero, ¡oh, sorpresa! Ocurre una última situación. David se prepara con una simple honda y unas cuantas piedras y cuando aquel gigante lo ve, dice la Biblia que lo vio como muy poca cosa y que lo maldijo. ¿Te han dicho lo mismo? ¿Te han dicho que no vales nada y que no sirves para nada? David lo experimentó y no en cualquier situación, lo vivió nada más y nada menos que en plena batalla. ¿Cómo reaccionarías tú?

Lo más sorprendente de este personaje es que ninguna de esas situaciones lo amedrantaron o lo achicopalaron, por lo contrario, lo fortalecieron y lo llevaron a cumplir su destino. Pero, ¿sabes por qué? Porque tenía muy claro quién era, de qué era capaz y a qué Dios le servía.

Levántate, hazte el de los oídos sordos, no escuches más el susurro del enemigo y pelea la buena batalla en el nombre que sobre todo nombre es: Jesús.

“Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa”.
1 Pedro 2:9

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