Comparación: Fijar la atención en dos o más objetos para descubrir sus relaciones o estimar sus diferencias o su semejanza.

Si aplicamos esta definición a personas, estaríamos hablando qué compararse es cuando fijamos la mirada en otra persona para descubrir sus diferencias o semejanzas con respecto a nosotros mismos.

Según lo que describe la Biblia de Satanás, era un ser de gran belleza, perfecto en todo e incluso tenía un gran puesto o cargo en la jerarquía celestial, sin embargo, también menciona que quiso ser como Dios y vio las diferencias y semejanzas que había entre los dos y no valoró lo que él tenía. Y la consecuencia de esta comparación fue devastadora, trajo enojo, orgullo y rebeldía sobre él.

Te decías a ti mismo: “Voy a subir hasta el cielo, allí pondré mi trono por encima de las estrellas de Dios. Reinaré desde la montaña donde viven los dioses. Subiré más allá de las nubes, y SERÉ como el Dios altísimo”
Isaías 14:13

Cuando caes en la comparación, entonces caes en la trampa del estándar y es que este sirve como tipo, modelo, norma, patrón o referencia según la RAE, y cuando te pones e impones ese estándar, comparándote con otro, nunca le vas a encontrar la medida. ¿Por qué? Porque los dones, los talentos, la forma de ser, incluso, los rasgos físicos que tiene el otro, por más que se asemejen a los tuyos, nunca serán los mismos y esto aplica hasta para hermanos que son gemelos, siempre habrá algo que los diferencie.

Tener un modelo a seguir o un referente en la vida no es malo, lo malo es la motivación con la que lo estamos haciendo.

Tenemos que ser conscientes de nuestro propósito, del para qué fuimos creados, Dios nos equipó a cada uno con dones, talentos, habilidades y rasgos que nos caracterizan para cumplirlo, pero cuando fijamos nuestra mirada en el otro, entonces nos distraemos y por ende pecamos.

¿Sabías que la palabra pecado tanto en el hebreo como en el griego significa errar, fallar la meta o no dar en el blanco? Cuando te comparas con otro y deseas en tu corazón ser como ese otro, entonces estás errando a tu meta, estás frustrando tu propósito tal y como lo hizo Satanás con Dios.

La Biblia dice en 1 Corintios 13: 9-12 que conocemos en parte pero que cuando venga lo perfecto, lo que es en parte se acabará y nos veremos cara a cara y nos conoceremos como fuimos conocidos.

Así que, si no te sientes suficiente, si crees que no eres tan bueno como otro, si estás poniéndote estándares que no son los tuyos, pon tu mirada en el autor y consumador de la fe para no fallar al blanco, para que no te desenfoques, pero sobre todo, siempre recuerda: lo que conoces de ti y de tu propósito sólo es una parte, pero cuando llegue el momento entonces conocerás para lo que fuiste hecho.

La comparación te separa de Dios, lo experimentó Satanás en el cielo y lo experimentaron Adán y Eva en la tierra, se compararon con Dios, su motivación fue la incorrecta.

Que quieras ser como Jesús en carácter pero que tu motivación sea la correcta, en Filipenses 2: 5-8 dice: “Tengan la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo: Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad. Al contrario, renunció a esa igualdad, y se hizo igual a nosotros, haciéndose esclavo de todos. Como hombre, se humilló a sí mismo y obedeció a Dios hasta la muerte: ¡murió clavado en una cruz!”.

Y en Hebreos 12: 2 dice: “Pongamos toda nuestra atención en Jesús, pues de él viene nuestra confianza, y es él quien hace que confiemos cada vez más y mejor. Jesús soportó la vergüenza de morir clavado en una cruz porque sabía que, después de tanto sufrimiento, sería muy feliz. Y ahora se ha sentado a la derecha del trono de Dios”.

Jesús no se distrajo con nada ni con nadie y tampoco se dejó distraer, esperó el momento en el que su propósito se cumpliera y la Biblia dice que sabía lo feliz que iba a ser, así que gózate en lo que está pasando, convéncete de que lo mejor está por venir, aunque duela, aunque cueste, llegará un momento donde dará fruto y lo que era en parte se acabará.

“Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo”.
Filipenses 3:13

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