Por Diego Pineda

passionLa película La Pasión de Cristo comienza con Jesús de rodillas, su rostro lleno de terror.

Jesús está en el Jardín de Getsemaní, justo antes de su arresto, angustiado hasta la muerte (Marcos 14:34) y su oración al Padre es que si hay otra manera de salvar a la humanidad, entonces que él no tuviera que tomar esa copa. ¿A qué copa se refería Jesús? ¿Se refería a la crucifixión o a algo más?

Esta terrible copa era más que los sufrimientos físicos que vendrían en unas horas. Era la Copa de la Ira de Dios. En Getsemaní, el Padre le dio una visión de los contenidos de la copa de la ira de manera que Jesús supiera (en su humanidad) lo que iba sufrir y lo hiciera voluntariamente, no en ignorancia.

En esta copa de la ira estaba toda la maldición de la ley, todos los horrores de la culpa y los terrores de las tentaciones más horribles, todos los sufrimientos emocionales, sicológicos y físicos que causa el pecado. Incluía la separación de y el abandono por parte de Dios, todo bajo el peso de la inmundicia de todos los pecados de la historia de la humanidad.

Piensa en los peores pecados imaginables: las masacres, las violaciones, los abusos de padres a sus hijos, las torturas y las injusticias. Si nosotros como humanos nos encolerizamos al presenciar o escuchar de una injusticia, ahora qué tan grande será la ira de un Dios santo y perfecto que lo ve todo y ha visto el colmo de la maldad en esta tierra….

Porque así me ha dicho el Señor, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa del vino del furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales yo te envío. Y beberán y se tambalearán y enloquecerán a causa de la espada que enviaré entre ellas. Jeremías 25:15-16

Dios odia el pecado y ese odio lo bebió Jesús. La ira de Dios, el castigo merecido por todos los pecados de la humanidad, estaban en esa copa.

Esa ira es un fuego consumidor:

Entonces los siguió otro ángel, el tercero, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino del furor de Dios, que está preparado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero. Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche, los que adoran a la bestia y a su imagen, y cualquiera que reciba la marca de su nombre. Apocalipsis 14:9-11

Jesús vio la copa puesta delante de él, vio el horno de fuego consumidor y el pánico lo sobrecogió, tanto que comenzó a sudar gotas de sangre.

¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo! Hebreos 10:31

Se vio a sí mismo sumido en la más profunda oscuridad, abandonado por el Padre, oprimido por todos los demonios del infierno y su alma desfalleció. Él sabía que era el cordero de Dios, el cual había de ser quemado y rostizado en el altar del sacrificio como se hacía en los sacrificios del templo judío.

Pero en su oración vemos que aceptó la voluntad del Padre, aceptó tomar la copa por obediencia. Filipenses 2:8 dice que “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Una vez aceptó tomar la copa, el Padre envió un ángel para que lo fortaleciera y pudiera completar la tarea para la que vino al mundo.

En completa sumisión a la voluntad del Padre, quien nos ama tanto que le dio a beber de su ira a su hijo unigénito, Jesús se levantó y fue como cordero al matadero.

Incluso cuando Pedro sacó la espada para defenderlo cuando Judas llegó con los soldados a arrestarlo,

Jesús entonces dijo a Pedro: Mete la espada en la vaina. La copa que el Padre me ha dado, ¿acaso no la he de beber? Juan 18:11

Todos aquellos que no creen en y aceptan a Jesús, aquellos que no ponen su fe en la obra redentora de la cruz, van a tener que beber de esa copa, como vemos en el verso de Apocalipsis 14 citado arriba.

Por eso mi corazón se estremece al saber que Jesús tomó esa copa amarga y terrible para que yo no lo tomará. Él se hizo un escudo alrededor de mi que me cubre de la ira de Dios que merezco por mi pecado y nada de esa ira me toca, pues la Biblia dice:

Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El. Romanos 5:9

¿Cuál es tu respuesta al saber que Jesús bebió esa copa por ti, para que puedas recibir perdón por tus pecados y ser declarado justo e inocente delante de Dios?

Si ya eres cristiano y sabes que eres salvo, expresa tu agradecimiento a Jesús por lo que hizo por ti.

Si nunca has puesto tu fe en Jesús y recibido el regalo de la salvación eterna, es el momento de que lo hagas. La Biblia enseña que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo (Romanos 10:9).

Dí en voz alta: “Señor Jesús, te entrego mi vida. Entra a mi corazón. Cámbiame, límpiame y hazme nuevo. Yo creo que moriste en la cruz y diste tu vida por mi para salvarme del pecado, de la enfermedad y de la opresión. También creo que resucitaste. Escribe mi nombre en el libro de la vida. De ahora en adelante quiero vivir para ti. Amén!”

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