¿Sabes de dónde proviene la palabra distracción? Viene del latín ‘Distractio ōnis’, que significa: separación.

Según la Rae, distracción es: cosa que atrae la atención APARTÁNDOLA de aquello a que está aplicada.

Sí, leíste bien, apartándola, separándola, no solo significa que desvía tu atención, también implica un rompimiento con tu relación con Dios.

Y ¿sabes por dónde entra la distracción? POR LOS OJOS. Jesús dice en Mt. 6:22-23 que los ojos literalmente son la lámpara del cuerpo y que si estos son buenos estarás lleno de luz, pero si estos son malos estarás lleno de tinieblas. Así que tu alma se alimenta de lo que ves y cuando no tienes la mirada puesta en Jesús y en las cosas del cielo, entonces das cabida a la distracción y una vez desvías la mirada, eso que llama tu atención, te empieza a arrastrar, hasta separarte de Dios y de tu supremo llamamiento en Cristo Jesús.

Te daré un ejemplo bíblico… Sansón ¿conoces su historia?

Sansón de entrada no sólo era un hombre apartado para Dios, sino que, de hecho, fue un milagro divino, y desde antes de nacer, Dios se tomó el trabajo de encargarse de este milagro personalmente. Su mamá era estéril y un día cualquiera, Dios se le manifiesta y le dice que tranquila, que ella va a tener un hijo y que no va a ser cualquier hijo, que él era quien iba a empezar a salvar a Israel de los filisteos. Y efectivamente, así pasa, y no sólo nace, sino que dice que Dios lo bendice todo el tiempo.

Sin embargo, nuestro personaje permitió una y otra vez que la DISTRACCIÓN hiciera nido en su vida, a través de sus ojos.

Jueces 14:1-2 “Sansón descendió a Timnat y VIO allí a una joven filistea. Cuando él volvió, les dijo a sus padres: ―HE VISTO en Timnat a una joven filistea; pídanla para que sea mi esposa”.

Jueces 16:1Un día Sansón fue a Gaza, donde VIO a una prostituta. Entonces entró para pasar la noche con ella”.

Y luego de estas dos caídas, que por cierto terminaron con consecuencias devastadoras, ya no sólo VIO a otra mujer, sino que además dice que se enamoró de ella.

“Pasado algún tiempo, Sansón SE ENAMORÓ de una mujer del valle de Sorec, que se llamaba Dalila”.
Jueces 16:4

Sansón era el hombre más fuerte de toda su generación, era el más fuerte del pueblo de Israel y, además, desde antes de nacer Dios lo había apartado para Él pues lo llamó Nazareo (persona con una vida especial, dedicada a Dios). Sin embargo, esto poco le importó y permitió que sus ojos, en vez de convertirse en lumbreras para su alma, se convirtieran en fuente de oscuridad. Se dejó distraer con lo que para él era su debilidad y una y otra vez, desvió su mirada y se apartó de su gran propósito.

Y es que esta última caída ya no tendría reversa, esta mujer filistea llamada Dalila, traicionó su amor y confianza y lo entregó a los filisteos, revelándoles su mayor secreto, porque cuando te distraes y te apartas del propósito, te vuelves vulnerable ante el enemigo, porque le terminas revelando tu corazón y este de inmediato termina cortando la fuente de tu fuerza. Y como el secreto de su fuerza estaba en su cabello, ella sin piedad llamó a un hombre para que lo rapara mientras dormía en sus brazos. Y una vez ocurre esto, Dios se APARTA de Sansón, ¿recuerdas la definición de distracción? Separar, apartar…

Pero hay algo muy particular en esta historia ¿sabes qué es lo primero que hacen los filisteos una vez lo toman prisionero? Le sacan sus ojos (Jue. 16:21). ¿Por qué? Ya le habían quitado lo que le proporcionaba su fuerza, es decir, su cabello, ya este hombre era como cualquier otro, ya lo especial que había en él se había ido, ya era uno más del montón, y entonces se me venía a la cabeza una y otra vez ¿por qué además de esto, deciden sacarle sus ojos? Y llegué a una conclusión, quizá ellos pensaron que existía alguna posibilidad de que él recobrara su fuerza de nuevo, así que, al sacarle los ojos, sería mucho más vulnerable y se estarían curando en salud por si acaso. Sin embargo, si analizamos el trasfondo de la historia y recordamos como fue que cayó en repetidas ocasiones en la distracción, podemos concluir que esta sería la mejor manera de que jamás volviera a poner la mirada en su debilidad. Y es que así tal cual pasó, como literalmente ya no podía ver nada, ya no tiene más distracciones para ver y entonces vuelve y pone su mirada en Dios y en las cosas de arriba.

Jue. 16:28 “Entonces Sansón oró al Señor: «Oh soberano Señor, acuérdate de mí. Oh Dios, te ruego que me fortalezcas solo una vez más…

Y entonces cuenta la Biblia que el Espíritu de Dios volvió a él y recobró su fuerza, y como todos estaban reunidos celebrando su captura y hacían fiesta humillándolo, entonces Sansón tomó las columnas de aquel lugar y las derribó, por lo tanto, todo el sitio se desplomó, y aunque él también murió, la Biblia narra que en esta ocasión murieron más filisteos de los que él había matado en vida. Y es que el propósito en su vida de alguna manera se cumplió, pero digamos que pudo haber tenido un final diferente si no hubiera dado cabida a la distracción.

Y a propósito de este tema, esta semana presencié una escena que desató en mí fuertes emociones, pero que finalmente Dios usó para hablarme.

Había un joven de unos 15 años aferrado con sus dos brazos a su papá, cuando me percaté bien de la situación, noté que era ciego. Aunque se veía muy tranquilo, era muy evidente lo fuerte que se sostenía de su padre, y entonces entendí algo.

Si este joven se soltara de su padre, quedaría totalmente vulnerable y expuesto a su entorno, pues no tiene la capacidad de ver por sí solo porque es ciego, sabe que tiene que aferrarse a su padre para que este lo guíe y le indique el camino que debe seguir. ¿Crees que sería igual si pudiera ver? Si este joven pudiera ver, posiblemente ni siquiera tendría la necesidad de salir con su padre, podría valerse por sí mismo y podría ir de un lugar a otro tranquilamente.

Exactamente esto fue lo que le pasó a Sansón una vez sacaron sus ojos, una vez quedó ciego se aferró nuevamente a Dios y dejó que Dios guiara el último momento de su vida. Y es que eso es precisamente vivir por fe, es vivir sin distracciones, es poner los ojos en el autor y consumador de la fe.

¿Hacia dónde estás dirigiendo tu vista? Y… ¿si cierras tus ojos y te aferras al brazo de Papá para que él sea guiando cada paso que das?

El Señor dice: «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti.
Salmo 32:8

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