Invitar a Jesús a que viva en tu corazón se ha convertido en un mantra, un amuleto de salvación para cristianos en todo el mundo. Si haces la oración de fe, te dicen, entonces serás salvo.

La oración de fe es algo reciente en la historia del cristianismo. De hecho, no está por ninguna parte en la Biblia. En el Nuevo Testamento, cuando alguien escuchaba el evangelio y se convertía, lo primero que hacía era bautizarse (Hechos 2:41; 10:48). Inmediatamente. Como el eunuco en el desierto al que Felipe le predicó (esto también nos muestra que los cursos y clases para el bautismo son inventos modernos sin fundamento bíblico, simplemente tradiciones de hombres).

Ahora, la oración de fe se la inventó el evangelista D.L. Moody (1837-1899). Moody fue el primero en pedirles a los que querían ser salvos, a ponerse de pie y ser guiados en una “Oración del Pecador.” Unos cincuenta años después, Billy Graham mejoró la técnica de Moody, introduciendo la práctica de pedir a la audiencia a inclinar sus rostros, cerrar sus ojos (“y nadie mirando alrededor”), y levantar las manos como respuesta al mensaje salvador.

Pero hacer una oración no es sinónimo de salvación ni de haber nacido de nuevo. Miles de personas han repetido la corta oración pero son prácticamente ateos (lo sé porque es el caso de un familiar).

Romanos 10:9 dice que debemos confesar con nuestra boca y creer con nuestro corazón, pero no es necesariamente una fórmula, como Moody pretendía. La experiencia de salvación o el nuevo nacimiento es algo más profundo y orgánico que una simple repetición de palabras. Miremos lo que dice la Biblia.

“Había un hombre llamado Nicodemo, un líder religioso judío, de los fariseos. 2 Una noche, fue a hablar con Jesús:
—Rabí —le dijo—, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo.
3 Jesús le respondió:
—Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.
4 —¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo?
5 Jesús le contestó:
—Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu. 6 El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo. 7 Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”. 8 El viento sopla hacia donde quiere. De la misma manera que oyes el viento pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu.
9 —¿Cómo es posible todo esto? —preguntó Nicodemo.
10 Jesús le contestó:
—¿Tú eres un respetado maestro judío y aún no entiendes estas cosas? 11 Te aseguro que les contamos lo que sabemos y hemos visto, y ustedes todavía se niegan a creer nuestro testimonio. 12 Ahora bien, si no me creen cuando les hablo de cosas terrenales, ¿cómo creerán si les hablo de cosas celestiales? 13 Nadie jamás fue al cielo y regresó, pero el Hijo del Hombre bajó del cielo. 14 Y, así como Moisés levantó la serpiente de bronce en un poste en el desierto, así deberá ser levantado el Hijo del Hombre, 15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
16 »Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.”
Juan 3:1-17

Jesús dice que debemos nacer de nuevo para ver el reino de Dios. Muy enfáticamente nos dice la importancia de este evento del nuevo nacimiento. No lo podemos ignorar.

¿Qué significa nacer de nuevo? Es nacer del Espíritu Santo. Jesús hace un contraste entre la carne y el espíritu humano en el verso 6. Lo que pasa en el nuevo nacimiento es que tu espíritu que estaba muerto por el pecado, nace otra vez por el poder de Dios.

¿Cómo ocurre? Es algo sobrenatural que no se puede explicar, pero puedes ver los efectos, como el viento (verso 8). Sientes la paz, el perdón y la aceptación. Tu vida cambia.

¿Cómo se recibe? En los verso 14 al 17 nos dice cómo. Es por fe, creyendo, no por obras. Jesús le explicó a Nicodemo cómo con la historia de Moisés y la serpiente en el desierto.

Hace más de 30 años, a los 9 años de edad yo hice una oración invitando a Jesús a mi corazón porque mi mamá me dijo que lo hiciera…. ¿nací de nuevo en ese momento? No lo creo, porque mi esfuerzo humano o mi oración no lo podía lograr como dice en el verso. Tiene que venir de Dios. Pero se deben dar las condiciones para recibir ese regalo.

Yo ahora sé que no nací de nuevo en ese momento porque no hubo evidencia en mi comportamiento. De hecho yo hice la oración sin haber entendido el evangelio, sin haber creído en mi corazón (era un niño y no lo comprendía). Fue a los 13 años que tuve un encuentro con la presencia de Dios y ese conocimiento que mi mamá me dio por 4 años bajó a mi corazón que creí y mi vida empezó a dar fruto, evidencia de que me convertí en hijo de Dios.

¿Qué quiero decir con evidencia? El apóstol Juan es muy claro en su primera carta, donde dice que los que son verdaderamente nacidos de Dios no practican el pecado.

“Sabemos que los hijos de Dios no se caracterizan por practicar el pecado, porque el Hijo de Dios los mantiene protegidos, y el maligno no puede tocarlos.”
1 Juan 5:18 (NTV)

Hay una diferencia entre pecar ocasionalmente pero sin buscarlo, a practicar el pecado voluntaria y conscientemente, así como es diferente practicar un deporte a jugarlo ocasionalmente. Cuando caemos en tentación y pecamos, reaccionando con ira o mintiendo, o sintiendo envidia, tenemos una promesa de perdón si venimos delante de Dios.

“pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”
1 Juan 1:9

“Mis queridos hijos, les escribo estas cosas, para que no pequen; pero si alguno peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre.”
1 Juan 2:1

Daniel, mi hijo, es espectacular y nunca ha sido un niño rebelde. Pero a veces desobedece y hace cosas que no debe. Pero cuando me pide perdón yo lo corrijo y lo perdono, sin mayores consecuencias. Como hijos de Dios tenemos la confianza de que si pecamos y venimos a donde papá perdiendo perdón, lo vamos a recibir. Es su promesa.

Practicar el pecado es saber que tu comportamiento, palabras y pensamientos no le agradan a Dios pero aún así lo sigues haciendo una y otra vez. Esto es algo más grave. Ya no es como el niño que desobedece a su papá de vez en cuando, sino el muchacho rebelde que decide tener una vida a su manera sin importar lo que piensen sus padres, aún sabiendo que está mal.

“Todo el que peca viola la ley de Dios, porque todo pecado va en contra de la ley de Dios; y ustedes saben que Jesús vino para quitar nuestros pecados, y en él no hay pecado. Todo el que siga viviendo en él no pecará; pero todo el que sigue pecando no lo conoce ni entiende quién es él.
Queridos hijos, no dejen que nadie los engañe acerca de lo siguiente: cuando una persona hace lo correcto, demuestra que es justa, así como Cristo es justo. Sin embargo, cuando alguien sigue pecando, demuestra que pertenece al diablo, el cual peca desde el principio; pero el Hijo de Dios vino para destruir las obras del diablo. Los que han nacido en la familia de Dios no se caracterizan por practicar el pecado, porque la vida de Dios está en ellos. Así que no pueden seguir pecando, porque son hijos de Dios. Por lo tanto, podemos identificar quiénes son hijos de Dios y quiénes son hijos del diablo. Todo el que no se conduce con rectitud y no ama a los creyentes no pertenece a Dios.”
1 Juan 3:4-10 (NTV)

La evidencia de que eres nacido de nuevo es que amas a Dios, amas a los demás y NO practicas el pecado.

Arrepentimiento no es una palabra que a la gente le gusta escuchar. Pero en verdad, el arrepentimiento trae libertad, victoria y más de la presencia de Dios. La palabra en el griego bíblico es metanoia, que significa pensar diferente, cambiar de pensamiento o propósito. Siempre implica dos cambios de dirección, lejos del pecado y cerca de Dios.

Asistir a la iglesia y sentarte a escuchar predicas los domingos no te hace un hijo de Dios, así como dormir en un garaje no te hace un carro. No podemos ser cristianos de labios para afuera no más, donde aparentamos ser unos los domingos pero el resto de la semana somos otros. El arrepentimiento y el cambio de vida es lo primero que Juan el Bautista, Jesús y los apóstoles predicaron. Ver Mateo 3:1-2; 4:17 y Hechos 17:30.

Así que si tu sientes que en tu vida no hay evidencia de que has nacido de nuevo, sigues practicando el pecado y satisfaciendo los deseos de la carne, toma la decisión de arrepentirte de verdad. Puede que lleves muchos años asistiendo a la iglesia o de conocer a Cristo. No importa. Yo estuve 4 años en la iglesia antes de nacer de nuevo. Es tu turno.

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