La teología dispensacionalista de John Darby que divide la historia de la iglesia en diferentes dispensaciones ha creado mucha confusión. El dispensacionalismo dice que estamos en la era o dispensación de la iglesia, pero que ese no era el plan original de Dios, sino que Dios tuvo que crear la iglesia porque los judíos lo rechazaron, pero en un futuro, Dios raptará la iglesia para poder hacer un nuevo pacto con Israel.

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De allí viene la idea de una gran tribulación de 7 años y de un templo reconstruido en Jerusalén, cuando supuestamente Dios honrará el antiguo pacto de nuevo, por tres años y medio. Para sustentar esto hacen una interpretación futurista de Daniel 9. Pero como vamos a ver, Daniel no tiene nada que ver con nuestro futuro.

Daniel era un cautivo israelita en Babilonia luego de la destrucción de Jerusalén en el 587 a.C. Cuando estaba en Babilonia, Daniel leyó en el libro de Jeremías que el exilio de Israel en Babilonia duraría setenta años, por lo que comenzó a orar que Dios liberara a su pueblo. Cuando estaba orando tuvo un encuentro angelical.

Aún estaba yo hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y presentando mi súplica delante del Señor mi Dios por el santo monte de mi Dios, 21 todavía estaba yo hablando en oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visión al principio, se me acercó, estando yo muy cansado, como a la hora de la ofrenda de la tarde. Me instruyó, habló conmigo y dijo: Daniel, he salido ahora para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus súplicas se dio la orden, y he venido para explicártela, porque eres muy estimado; pon atención a la orden y entiende la visión.
Setenta semanas han sido decretadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a la transgresión, para terminar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para ungir el lugar santísimo.
Daniel 9:20-24

Gabriel lista seis actividades y dice que setenta semanas fueron decretadas para que ellos y su ciudad santa las hagan. Luego dice:

Has de saber y entender que desde la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; volverá a ser edificada, con plaza y foso, pero en tiempos de angustia. Después de las sesenta y dos semanas el Mesías será muerto y no tendrá nada, y el pueblo del príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Su fin vendrá con inundación; aun hasta el fin habrá guerra; las desolaciones están determinadas. Y él hará un pacto firme con muchos por una semana, pero a la mitad de la semana pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal. Sobre el ala de abominaciones vendrá el desolador, hasta que una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador.
Daniel 9:25-27

El Mesías Príncipe es claramente Jesús, ¡pero Darby y los dispensacionalistas dicen que es el anticristo!

Cristo fue muerto y con su nuevo pacto puso fin al sacrificio y la ofrenda (el antiguo pacto). Para los futuristas eso es algo malo y por eso dicen que es el anticristo.

Antes de John Darby, siempre se interpretó Daniel 9 como una profecía de Jesucristo. Por ejemplo, el comentarista Matthew Henry (1662-1714) escribió de ese capítulo: “En los versículos 24-27, tenemos una de las profecías más notables de Cristo, de su venida y su salvación.” Ver este enlace.

Las setenta semanas son una figura para setenta sets de siete, o sea 70 x 7 = 490. Era un lenguaje profético judío para años—490 años.

Has de saber y entender que desde la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas.
Daniel 9:25

En el verso 25 hay otra ecuación donde se suman 62 semanas a 7 semanas, o sea 69 semanas (483 años).

Ahora resumamos lo que sabemos:

  • El ángel le dijo a Daniel que en 490 años iban a pasar ciertas cosas.
  • Esos 490 años empezaban a contar desde que se decretara la reconstrucción de Jerusalén.
  • Desde ese momento (el decreto), hasta que el Mesías llegara, pasarían 483 años (69 de las 70 semanas).

El decreto para reconstruir Jerusalén se dio después en Esdras 7:12-26 por el rey Artajerjes en el año 457 a.C. O sea que la línea de tiempo comienza en el 457 a.C. y va por 490 años.

Los 483 años iniciales nos llevan al 26 d.C. Nuestro calendario está un poco desajustado, y sabemos que Jesús nació en el 3 a.C. y no en el año cero. Para el 27 d.C. Jesús tenía 30 años, o sea que comenzó su ministerio público al final de los 483 años, ¡que es cuando la profecía de Daniel dice que el Mesías debía aparecer!

 

El ministerio de Jesús duró tres años y medio, lo que nos lleva al 30 d.C., cuando fue muerto. Con su muerte estableció el nuevo pacto y a los ojos de Dios acabó con los sacrificios y las ofrendas, pues ya no eran necesarias. Ver Hebreos 8:13.

El verso 25 dice que Jerusalén “volverá a ser edificada, con plaza y foso, pero en tiempos de angustia.” Eso se refiere a la reconstrucción de Jerusalén en el tiempo de Nehemías.

Luego dice en el 26: “Después de las sesenta y dos semanas el Mesías será muerto y no tendrá nada, y el pueblo del príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario.

La primera parte del verso 26 habla de la crucifixión de Jesús, pero la segunda parte habla de otra persona, de un príncipe que destruirá Jerusalén y el templo. Es lógico que después de que el Mesías haya muerto, la narración cambie de sujeto. El resto del verso 26 habla del príncipe viniendo contra Jerusalén: “Su fin vendrá con inundación; aun hasta el fin habrá guerra; las desolaciones están determinadas.

A través de la mayor parte de la historia de la iglesia, se ha interpretado que este verso se refiere al General Tito, quien destruyó Jerusalén y el templo en el 70 d.C.

Luego en el verso 27 nos habla de la última semana: “Y él hará un pacto firme con muchos por una semana, pero a la mitad de la semana pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal.”

¿A quién se refiere este verso? Históricamente se interpreta que la profecía regresa en este punto al Mesías. Pues cuando entendemos los pactos, sabemos que fue Jesús quien confirmó un nuevo pacto con quienes creyeron en él en su ministerio en la tierra. En la mitad de esos siete años (3.5 años, o sea en el año 30) puso un fin a su sacrificio y la ofrenda con su muerte.

Jesús usa las mismas palabras de Daniel para referirse a su obra en la cruz, dejando claro que él es el mesías profetizado:

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.
Mateo 26:28

Los futuristas dicen que es el anticristo quien pone fin al sacrificio en un supuesto tercer templo en Jerusalén. Pero Daniel 9 es una asombrosa profecía de Jesús en cinco partes:

  1. Da exactamente el año de la llegada del Mesías, el 27 d.C.
  2. Predice que al Mesías lo matarán.
  3. Predice el fin del antiguo pacto cuando dice que cesarán los sacrificios y las ofrendas.
  4. Predice la confirmación de un nuevo pacto.
  5. Predice la destrucción de Jerusalén.

Jesús hace alusión a las setenta semanas de Daniel en Mateo 18.

Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra míque yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Mateo 18:21-22

Cuando Jesús enseñó sobre el perdón diciendo que debemos perdonar setenta veces siete se estaba refiriendo al periodo de gracia de 490 años que el Padre le había dado a Israel para arrepentirse y así debemos ser nosotros. Jesús hizo esta referencia en un contexto histórico importante, pues los judíos sabían que el tiempo profetizado por Daniel estaba por cumplirse y el Mesías pronto aparecería. Por eso ese fue un tiempo con muchos falsos mesías.

Luego de la muerte y resurrección de Jesús quedan faltando tres años y medio para completar los 490 años profetizados por Daniel. Estos se cumplieron justo con la muerte de Esteban en el año 33 d.C.

Esteban está siendo juzgado ante los sacerdotes judíos y él da un discurso sobre la historia de Israel diciendo como una y otra vez rechazaron la voz de Dios y se rebelaron y cómo incluso cuando vino el Mesías, no lo quisieron escuchar ni creer en él sino que lo mataron. Esteban los llama incircuncisos de corazón.

Al oír esto, se sintieron profundamente ofendidos, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios; y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios. Entonces ellos gritaron a gran voz, y tapándose los oídos arremetieron a una contra él.Y echándolo fuera de la ciudad, comenzaron a apedrearle; y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo. Y mientras apedreaban a Esteban, él invocaba al Señor y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.
Hechos 7:54-59

Aquí se acabó el periodo de gracia donde los judíos podían haberse preparado para creer y recibir al Mesías incluso bajo el antiguo pacto. Eso fue lo que Esteban explicó en su discurso, pero ellos lo apedrearon.

En el 33 d.C., una vez se cerró el periodo de gracia para los judíos que rechazaron el nuevo pacto (como nación), la iglesia comenzó a predicar a los gentiles. Un poco después fue que Pedro recibió la visión de no llamar impuros a los gentiles (Hechos 10). Ahora el evangelio era para todos aunque el papel de Israel no sería el mismo que si lo hubieran aceptado.

La abominación de la desolación

Sobre el ala de abominaciones vendrá el desolador, hasta que una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador.
Daniel 9:27

Jesús mismo nos explica que significa:

Por tanto, cuando veáis la abominación de la desolación, de que se habló por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo (el que lea, que entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes;
Mateo 24:15-16

El pasaje paralelo en Lucas es más claro:

Pero cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su desolación está cerca. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes, y los que estén en medio de la ciudad, aléjense; y los que estén en los campos, no entren en ella; porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. ¡Ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad sobre la tierra, e ira para este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.
Lucas 21:20-24

Como expliqué en los artículos sobre la destrucción de Jerusalén, la abominación de desolación ocurrió en el 70 d.C. y no es un evento futuro. Los primeros cristianos entendieron el mensaje de Jesús y por eso huyeron al monte Pela cuando los romanos comenzaron a atacar. De hecho, el primer ataque vino con el General Cestius sitió a Jerusalén pero después se retiró misteriosamente. Los cristianos aprovecharon ese momento para huir a los montes como Jesús les había dicho. Un poco tiempo después llegó de nuevo el ejército romano, bajo el General Tito, y destruyeron la ciudad y el templo.

Desde ese momento en adelante estamos en un pacto eterno en un reino inconmovible.

El Anticristo

La idea del anticristo, como se enseña comúnmente, deriva principalmente de una mezcla de cuatro diferentes pasajes de la escritura, siendo Daniel 9 uno de ellos. La palabra “anticristo” sólo aparece cuatro veces en la Biblia: tres veces en 1 Juan y una vez en 2 Juan.

Veamos los otros pasajes que se usan para hablar de un anticristo.

Versos en 1 y 2 Juan

En el primer siglo había una secta llamada Gnosticismo que enseñaba que el espíritu era bueno y que lo físico y emocional era malo. Por lo tanto, Jesús no podía haber venido a la tierra en un cuerpo físico real, sino como un ser espiritual etéreo. Esta enseñanza es una herejía, porque niega la verdad de que Jesús derramó su sangre humana por la remisión de los pecados. Los gnósticos reclutaron tantos seguidores de la iglesia primitiva (cerca de un tercio), que Juan escribió su primera carta en respuesta a esa herejía.

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
1 Juan 1:1-3

Aquí Juan enfatiza que él fue testigo de que Jesús no era un fantasma sino una persona con cuerpo físico. En Juan 1:14 dijo: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Los escritos del apóstol estaban muy enfocados en aquellos que habían caído en el pensamiento gnóstico del primer siglo. Juan continúa su epístola diciendo que aquellos que decían que Jesús no tenía un cuerpo físico eran, en realidad, el anticristo.

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, del cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.
1 Juan 4:1-3

Pues muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo.
2 Juan 7

Cualquier persona que niegue que Jesús vino en la carne, que es lo que los gnósticos del primer siglo hacían, está operando en el espíritu del anticristo. El anticristo no es una persona sino un sistema de creencias y, específicamente, el gnosticismo.

Juan también menciona que el espíritu de anticristo era algo que los primeros creyentes ya habían oído.

Hijitos, es la última hora, y así como oísteis que el anticristo viene, también ahora han surgido muchos anticristos; por eso sabemos que es la última hora.
1 Juan 2:18 LBLA

Algunas traducciones como la Nueva Traducción Viviente crean confusión al ponerle mayúscula a anticristo y así convertirlo en sustantivo propio. De hecho, el artículo “el” no está en el original. El artículo fue añadido en los años 1500 porque los reformadores querían hacer del anticristo una persona y así identificarlo con el papa católico.

Debería traducirse así: …es la última hora, y así como oísteis que anticristo viene….

¿Cuándo lo habían oído? Cuando Jesús dijo en Mateo 24 que vendrían muchos falsos maestros y por eso sabrían que el fin estaba cerca. El verso dice “también ahora han surgido muchos anticristos” y se refiere a las herejías de los nicolaítas, los judaizantes y los gnósticos. Ver Apocalipsis 2:6, 9, 15; 3:9.

¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
1 Juan 2:22

Es obvio por esta definición que el anticristo mencionado en la Biblia no es un individuo que va a gobernar el mundo sino el gnosticismo.

Versos en 2 Tesalonicenses

Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con El, os rogamos, hermanos, que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado. Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto? Y vosotros sabéis lo que lo detiene por ahora, para ser revelado a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;
2 Tesalonicenses 2:1-8

La frase “la venida de nuestro Señor Jesucristo” se refiere a la destrucción de Jerusalén y eso a lo he explicado en este enlace. “Reunión” es una referencia a los cristianos huyendo de Judea a las montañas y siendo reunidos y protegidos por el Señor durante la destrucción de Jerusalén.

Con este pasaje vemos que los tesalonicenses pensaban que la venida ya había ocurrido. Eso prueba que estaban esperando un evento local que ocurriría en Jerusalén, y no un apocalipsis global. Tesalonicenses fue escrita aproximadamente en el año 50 d.C., y Tesalónica está a cientos de kilómetros de Jerusalén. Al parecer pensaban que Jerusalén ya había sido destruída.

En el verso 3 y 4 les dice: “no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios”.

Según esta descripción, el hombre de pecado tendría que cumplir ciertos requisitos:

  • Tendría que ser una persona que hubiera sido capaz físicamente de pararse en el Templo y proclamarse Dios.
  • Esto requeriría una persona que estuviera viva antes del año 70 d.C. en que el Templo fue destruido
  • No hay ningún versículo en el Nuevo Testamento, ni siquiera uno, que prediga un Templo judío reconstruido en el futuro.

¿Hay un personaje histórico que se ajuste a esta descripción? Sí. El principal rebelde que causó la destrucción de Jerusalén fue Juan de Giscala.

El historiador Josefo relata que Juan de Giscala fue un hombre egoísta e inescrupuloso con poderes persuasivos, con los que convenció a muchos de que había sido enviado por Dios a liberarlos. Además, Juan de Giscala se tomó el Templo, y se estableció a sí mismo como el salvador de los judíos (como Dios), saqueó la vasija del Templo por su oro, e hizo que los sacrificios diarios de animales cesaran. También saqueó a la gente, incluso incendiando sus bodegas de alimentos y causando la gran hambruna que mató a decenas de miles y contrató ayuda de los idumeos, que mataron 8.500 judíos, incluyendo a los sacerdotes (2 Tesalonicenses 2:9 habla de las señales falsas, la principal de ellas siendo que Juan Levi declaró que era Dios y que liberaría a los judíos de los romanos. Él ordenó que las bodegas de alimentos fueran incendiadas en fe de que Dios milagrosamente los liberaría de sus enemigos. En lugar de eso, murieron de hambre).

Incluso cuando el general romano Tito le rogó a Juan de Giscala que abandonara el Templo para que éste no fuera destruido en la batalla, Juan se negó abruptamente. Él fue la causa de que el Templo fuera destruido; sin él, el Templo habría sido salvado, considerando que era una de las maravillas del mundo antiguo.

Pablo dice que en los versos 5 al 7 que algo lo detenía. Por los escritos de Josefo sabemos que el sumo sacerdote de la época, Ananías, quien tenía habilidades diplomáticas tremendas y había sido capaz de negociar tratados de paz con Roma en muchas ocasiones. Ananías era, literalmente, capaz de detener la rebelión a gran escala que Juan de Giscala estaba tratando de llevar a cabo. Josefo anotó que una vez que Ananías (el que detenía) fue asesinado, la destrucción de Jerusalén comenzó: “No estaría en un error al decir que la muerte de Ananías fue el comienzo de la destrucción de la ciudad, y que desde este preciso día se puede datar la caída de su muralla y la ruina de sus asuntos.”

La Bestia de Apocalipsis 13 y 17

Durante la mayor parte de la historia de la iglesia, antes del futurismo de John Darby, los escritores cristianos identificaron las bestias de Apocalipsis con el imperio romano o con uno de los emperadores, específicamente Nerón. De hecho, Nerón era apodado “la bestia”.

Podemos ver a Nerón claramente en este pasaje cuando sabemos la historia:

y son siete reyes; cinco han caído, uno es y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que permanezca un poco de tiempo.
Apocalipsis 17:10

Este pasaje, que está hablando de la línea de gobernadores en Roma, nos dice exactamente cuántos gobernadores habían pasado, cuál es que estaba en el poder en ese tiempo, y que el próximo solo duraría por un corto tiempo. Todo encaja perfectamente con Nerón y el Imperio Romano del primer siglo:

“Cinco han caído…”

  1. Julio César (49-27 a.C.)
  2. Augusto (27 AC – 14 d.C.)
  3. Tiberio (14-37 d.C.)
  4. Calígula (37-41 d.C.)
  5. Claudio (41-54 d.C.)

“Uno es…”

  1. Nerón (54-68 d.C.)

“El otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que permanezca por un poco de tiempo

  1. Galba (junio 68 – enero 69 D.C., por un período de seis meses).

En Apocalipsis 13 Juan habla de una bestia con diez cuernos. La bestia representa al imperio romano. Augusto César había dividido a Roma en diez provincias.

El dragón se paró sobre la arena del mar. Y vi que subía del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas; en sus cuernos había diez diademas, y en sus cabezas había nombres blasfemos. La bestia que vi era semejante a un leopardo, sus pies eran como los de un oso y su boca como la boca de un león. Y el dragón le dio su poder, su trono y gran autoridad. Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada. Y la tierra entera se maravilló y seguía tras la bestia; y adoraron al dragón, porque había dado autoridad a la bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante a la bestia, y quién puede luchar contra ella?
Apocalipsis 13:1-4

El Dr. Jonathan Welton explica que para el tiempo de Nerón, Roma estaba, metafóricamente, herida y derrumbándose como Imperio por causa de su emperador. Nerón no sólo fue un psicópata que incendió un tercio de Roma y culpó a los cristianos para perseguirlos brutalmente, sino que también, cuando se suicidó (en 68 D.C.), el clima político de Roma cambió dramáticamente. Uno de los cambios mayores fue que Nerón era oficialmente el último en la línea de emperadores Julio-Claudianos. Esa línea llegóa su fin y hubiese parecido, simbólicamente, que la cabeza había sido herida de muerte.

La repentina muerte de Nerón dio origen a un evento que ha sido históricamente llamado “el año de los cuatro emperadores”. A partir del tumulto causado por su suicidio, tres emperadores de corta vida siguieron a Nerón. Muchos pensaron que el Imperio Romano estaba a punto de morir.

Esta es la cronología del 69 d.C., “El Año de los Cuatro Emperadores”:

1. Galba (68-69 d.C.)
2. Oto (69 d.C.)
3. Vitelio (69 d.C.)
4. Vespasiano (69-80 d.C.)

Sin embargo, Roma, milagrosamente, revivió bajo Vespasiano y Tito. Cuando ascendieron al poder, establecieron la dinastía Flaviana de Césares y en lugar de que la bestia muriera, resucitó bajo Vespasiano, quien reinó por diez años.

La marca de la bestia

Y hace que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les dé una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar ni vender, sino el que tenga la marca: el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, que calcule el número de la bestia, porque el número es el de un hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis.
Apocalipsis 13:16-18

Con respecto a la “marca de la bestia”, es importante notar que en la antigua cultura romana, el mercado público era la principal fuente de comercio y venta de productos. La entrada al mercado público era a través de la puerta principal y se exigía a todos los que entraba por ella que pagaran homenaje al ídolo del Emperador. Una vez que esto era hecho, se ponía cenizas en la mano o en la frente del individuo, y entonces se les admitía para comprar y vender.

Juan usó la gematría hebrea para decir que la bestia era Nerón de forma numérica. La gematría es un método que depende del hecho de que cada letra hebrea tiene un valor numérico. Cuando se escriben los valores numéricos de Nerón César (NRWN QSR) en Hebreo nos da la suma de 666.

N = 50
R = 200
W = 6
N = 50
Q = 100
S = 60
R = 200

Desde su exilio en la isla de Patmos (enviado allí por Nerón mismo), Juan escribió a la iglesia que el emperador era la bestia, pero lo hizo en un código que sus lectores entenderían, pero no sus captores.

Cuando entendemos la historia y el contexto en el que fue escrita la Biblia nos damos cuenta que no esperamos un futuro terrible donde un dictador malvado se apoderará del mundo y le cortará la cabeza a los cristianos. No debemos vivir en temor, sino saber que hemos heredado un reino eterno e inconmovible y nuestra tarea es extenderlo por todo el mundo hasta que la iglesia alcance la estatura del varón perfecto, Cristo (ver Efesios 4).

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