Como cristianos, nuestro propósito no es simplemente ir al cielo. De otra manera, Dios nos llevaría con Él una vez recibiéramos a Cristo.

La verdad es que el Espíritu Santo quiere llevarnos en tres jornadas diferentes. Son algo así como tres áreas de enfoque en las que tenemos que trabajar y crecer.

1. La Jornada Hacia Adentro

La primera es la jornada hacia adentro, que es una jornada del corazón. Esta jornada es acerca de ti, pues en ella eres sano, equipado y creces en tu fe y tus talentos.

A muchos se nos ha enseñado el concepto de “Dios me ama”. Pero muchas veces es un conocimiento intelectual y no una experiencia real. El Padre celestial nos ama con un amor eterno y maravilloso. Su amor es tan inmenso, que no lo podemos comprender totalmente.

Pero en la jornada hacia adentro, nos aventuramos a conocer el amor del Padre celestial a través de su Palabra y de la intimidad con él en oración.

Hay un vacío en cada uno de nosotros que sólo puede ser satisfecho por el amor de Dios. Nuestros corazones necesitan la certeza que Dios está a nuestro favor y se interesa por nosotros. La jornada hacia dentro es una jornada de una revelación profunda en el corazón. Es donde aprendemos que Dios nos ama de verdad, no sólo por lo que hacemos sino por quienes somos:  sus hijos e hijas.

El resultado de experimentar el amor del Padre es que vamos a ser sanos emocionalmente y libres de toda atadura de amargura y dolor. Otro resultado de esta jornada hacia adentro es que aprendemos a perdonar a todos los que nos hicieron daño, y también a nosotros mismos. En resumen, la jornada hacia adentro es para nuestra sanidad interior, para aprender a vernos como Dios nos ve.

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2. La Jornada Hacia Arriba

Ahora, la jornada hacia arriba se enfoca en Jesús. Se trata de enamorarse de Jesús como tu salvador y adorarlo en respuesta a su increíble amor.

Lo bueno es que la jornada hacia arriba y la jornada hacia adentro van de la mano. 1 Juan 4:19 dice, “Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.”

¿Y cómo respondemos al amor de Dios? A través de nuestra adoración, recordando y reconociendo lo maravilloso que es El.

Cuando a Jesús le preguntaron cuál era el mandamiento más importante de la ley, respondió, “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”.

Siempre hay algo más para descubrir de su amor. Siempre podemos buscar más e ir más profundo. Al aventurarnos en la jornada hacia adentro nuestros corazones son inspirados, entonces nuestra respuesta natural es mirar hacia arriba y responder en alabanza y agradecimiento por quien es Él y lo que está haciendo por nosotros.

La gratitud es una herramienta increíble para la jornada hacia arriba. Al recordar quién es Él y cómo nos ha bendecido, quitamos nuestros ojos de las circunstancias terrenales y nos enfocamos en el Cielo. Cuando vemos los problemas terrenales desde una perspectiva celestial se ven súper pequeños.

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3. La Jornada Hacia Afuera

Y finalmente, la jornada hacia afuera es acerca de ayudar a la gente a nuestro alrededor con el poder del Espíritu Santo. Se puede decir que es el Nuevo Mandamiento (Juan 13:34) combinado con la Gran Comisión: amar a otros como Jesús nos ama y hacer discípulos de todas las naciones.

Cuando nos embarcamos en la jornada hacia afuera, decidimos vivir para Él, glorificarlo en todo lo que hacemos y amar a otros por amor a Él. Idealmente, la jornada hacia afuera es una respuesta a las otras dos jornadas, pues todas funcionan en unidad. ¿Cómo podemos compartir el amor de Dios y discipular a otros si no estamos experimentando su amor y creciendo en la fe?

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La verdad es que no encontraremos satisfacción si sólo trabajamos en nuestros problemas (la jornada Hacia Adentro ). Si adoramos y oramos con frecuencia (la jornada Hacia Arriba) pero no ministramos a otros, siempre sentiremos que nos falta algo. Igualmente, la gente que se siente satisfecha cuando ayuda a otros (la jornada Hacia Afuera), debe recargar su alma. Para dar amor y vida, debemos estar llenos continuamente para ministrar desde la abundancia y llenura de nuestra alma.

Dios quiere que seamos apasionados por el evangelismo, las misiones, y alcanzar el mundo perdido con su maravilloso amor redentor. Pero todo esto sin descuidar la jornada hacia arriba de amarlo a Él y la jornada hacia adentro de ser sanos hasta que nos amemos a nosotros mismos y a los demás como Él nos ama.

A algunos cristianos les es difícil amar a otros porque no se han enamorado completamente del Señor o no se aman a sí mismos. Por eso necesitamos ser llenos de su presencia. Por eso necesitamos la tres jornadas.

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