La Biblia es el registro escrito de la historia de los pactos de Dios con la humanidad.

En la antigüedad, cuando dos personas hacían un pacto, escribían y firmaban el pacto, lo que lo hacía legalmente obligatorio. Luego, durante el curso del acuerdo, escribían el canon (la historia de cómo las dos partes vivieron el pacto), que incluía la música, la poesía y la cultura formada durante el pacto. Un canon es un tomo de literatura.

En esa época se celebraban tres tipos de pactos:

1. Pacto de otorgamiento: Cuando una persona superior y una inferior entraban en un pacto, y la persona superior contraía todas las obligaciones. La persona inferior solo necesitaba recibir el pacto. Es como una beca.

2. Pacto de afinidad: Un pacto cuando dos partes iguales se unían, como un matrimonio. Cada parte tomaba una pequeña lista de obligaciones en el pacto. Las obligaciones eran pocas y estaban igualmente divididas entre las dos partes. También se le llamaba un pacto paridad.

3. Pacto de vasallaje: Cuando una persona superior y una inferior entraban en un pacto basados en la habilidad de la persona superior de destruir a la inferior. En lugar de destruirlo, la superior le ofrecía seguridad a la inferior a cambio del pago de impuestos o esclavitud. Esto pasaba cuando un rey conquistaba una nación y les perdonaba la vida a cambio de su servidumbre. En este pacto, una parte tiene el poder y la otra tiene las obligaciones.

En la Biblia tenemos cinco pactos entre Dios y un humano (o nación) y el canon de cada pacto. El canon del nuevo pacto es todo el Nuevo Testamento, pero el de los otros cuatro está en el Antiguo Testamento.

1. El pacto de Dios con Noé (Canon: Génesis 1-11).

Y bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra…. He aquí, yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra descendencia después de vosotros, y con todo ser viviente que está con vosotros: aves, ganados y todos los animales de la tierra que están con vosotros; todos los que han salido del arca, todos los animales de la tierra. Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.
Génesis 9:1, 9-11

El pacto de Noé era de no volver a destruir la tierra. Esto era importante porque si no, cada vez que lloviera, Noé entraría en pánico al pensar que otro diluvio venía. Era un pacto de otorgamiento porque Noé no tenía que hacer nada de su parte, era una promesa unilateral de Dios.

2. El pacto de Dios con Abraham (Canon: Génesis 12-50)

Y el Señor dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.
Génesis 12:1-3

En Génesis 15, hay un ritual donde se cortan unos animales en la mitad y cada parte debía pasar por la mitad, significando que así sería cortado si incumplía su parte. Pero Abraham cae dormido y sólo Dios pasa por en medio, mostrando que es un pacto de otorgamiento (al igual que el de Noé), donde Dios se comprometía con Abraham a cumplir su parte, pero no obligaba a Abraham a cumplir la suya (Ver Hebreos 6:13).

No había una condición para que Abraham tuviera descendientes. Dios hizo la promesa sin condiciones. Este pacto de otorgamiento es confirmado en Génesis 17 y 22.

Ser justo se define como ser fiel al pacto en el que te encuentras. La Biblia dice en Romanos que Abraham creyó y le fue contado por justicia. Él era justo porque creyó. Abraham mintió dos veces acerca de que Sara era su esposa, pero Dios no lo castigó a él sino que castigó las casas de Faraón y Abimelec. En esa época no había mandamientos acerca de la mentira. Dios no le había dicho a nadie que no mintieran pues no había Ley. Si hubiera estado bajo el pacto mosaico, entonces sí debía ser castigado por su pecado. Pero en el pacto Abrahamico, no. En ese pacto, si Abraham cree, es justo y así cumple el pacto.

Dios respaldó a Abraham porque era su compañero de pacto, incluso si era un cobarde mentiroso. Y bajo un pacto, las partes se defienden unas a otras.

3. El pacto de Dios con Moisés (Canon: Éxodo a Deuteronomio)

El pacto de Moisés está dividido en dos partes. La parte 1 (Éxodo, Números y Levítico) era un pacto de afinidad, pero la parte 2 (Deuteronomio) es un pacto de vasallaje. El pacto de Dios con Israel cambió con el tiempo.

En Éxodo 19, Dios comenzó ofreciéndoles un pacto de otorgamiento. Les prometió protección divina y el privilegio de ser una nación de sacerdotes para él. Todos tendrían acceso directo a Dios.

Y Moisés subió hacia Dios, y el Señor lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os he traído a mí. “Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso delante de ellos todas estas palabras que el Señor le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Haremos todo lo que el Señor ha dicho. Y llevó Moisés al Señor las palabras del pueblo.
Éxodo 19:3-8

Luego en los versos 9-13, Dios le da a Moisés las instrucciones para prepararse para la ceremonia del pacto. Al tercer día Dios desciende a la montaña con “truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta; y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento.”

Deuteronomio 5 nos dice cuál fue la reacción del pueblo:

Y aconteció que cuando oísteis la voz de en medio de las tinieblas, mientras el monte ardía con fuego, os acercasteis a mí, todos los jefes de vuestras tribus y vuestros ancianos, y dijisteis: “He aquí, el Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Dios habla con el hombre, y éste aún vive. “Ahora pues, ¿por qué hemos de morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si seguimos oyendo la voz del Señor nuestro Dios, entonces moriremos. “Porque, ¿qué hombre hay que haya oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, como nosotros, y haya sobrevivido? “Acércate tú, y oye lo que el Señor nuestro Dios dice; entonces dinos todo lo que el Señor nuestro Dios te diga, y lo escucharemos y lo haremos.”
Deuteronomio 5:23-27

La gente se asustó y le dijo a Moisés que ellos no querían escuchar a Dios, sino que él fuera en nombre de ellos, obtuviera las reglas y ellos obedecerían. Como tenían mentalidad de esclavos, sacrificaron la relación con Dios y pidieron reglas en lugar de eso.

Y el Señor descendió al monte Sinaí, a la cumbre del monte; y llamó el Señor a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. Y el Señor dijo a Moisés: Desciende, advierte al pueblo, no sea que traspasen los límites para ver al Señor y perezcan muchos de ellos. También que se santifiquen los sacerdotes que se acercan al Señor, no sea que el Señor irrumpa contra ellos. Y Moisés dijo al Señor: El pueblo no puede subir al monte Sinaí, porque tú nos advertiste, diciendo: “Pon límites alrededor del monte y santifícalo.” Entonces el Señor le dijo: Ve, desciende, y vuelve a subir, tú y Aarón contigo; pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen los límites para subir al Señor, no sea que El irrumpa contra ellos. Descendió, pues, Moisés y advirtió al pueblo.
Éxodo 19:20-25

Dios concedió la petición de Israel y en lugar de que toda la nación pudiera tener una relación con Dios, solamente Moisés y Aarón podían acercarse a obtener las reglas. Dios probó a Israel en el Sinaí, para ver si realmente querían acercarse a Él, pero ellos cedieron al temor y renunciaron a ese privilegio.

En ese momento pasaron de un pacto de otorgamiento a un pacto de afinidad. Cuando Dios le da los 10 mandamientos a Moisés está haciendo una ceremonia de afinidad en Éxodo 20, en lugar de hacer de cada persona un sacerdote, nación santa y especial tesoro como lo había propuesto.

Un pacto de afinidad funcionaba así:

  • Dos grupos se reunían y hacían una lista de reglas que ambos debían obedecer y esas reglas eran el pacto.
  • Las reglas las escribían en dos copias exactas para cada parte (de ahí las dos tablas de los mandamientos, cada una escrita por ambos lados, ver Éxodo 32:15b).
  • Los delegados de cada nación llevaban sus copias del pacto al tabernáculo de su dios y las ponían en una caja llamada arca. Israel no era la primera nación en tener un arca, pues era una práctica común en la antigüedad. Por eso se llamaba el arca del pacto.
  • El entendimiento de esa época era que al ponerlas en el templo de su dios, su propio dios los castigaría si incumplían el pacto con la otra tribu o nación. En el caso de Israel no funcionaba así porque el Señor se representaba a sí mismo.
  • Como Dios no tenía nadie por encima de él, Moisés se llevó ambas copias, las cuales tuvieron que poner en un arca y en un tabernáculo que antes no tenían, según las instrucciones dadas por Dios.
  • Dios se puso en el lugar doble de ser al mismo tiempo un miembro del pacto y el castigador de Israel si no cumplía el pacto—lo cual no era su deseo inicial sino lo que Israel pidió. Por eso después de darles los mandamientos, empezaron los castigos cada vez que el pueblo se quejaba. Antes no era así.
  • Además, por ser miembro de ese pacto, Dios tenía que luchar contra los enemigos de Israel y defender a Israel.

Dios le habló audiblemente al pueblo (Éxodo 20:1,22) por última vez cuando les dio los diez mandamientos. Luego todo fue a través de Moisés. Pero cuando Moisés recibió las tablas de la ley, ellos le pidieron a Aarón un becerro de oro para adorarlo, infringiendo inmediatamente el primer mandamiento. Además se emborracharon e hicieron una orgía (ver Éxodo 32:6).

Según el pacto de afinidad, Dios pudo matarlos a todos, pero Moisés apeló al pacto de otorgamiento con Abraham para que Dios no destruyera al pueblo (Ex 32:11-14). Moisés rompió las tablas, pues eso debía hacer, porque el pacto había sido invalidado por Israel. Luego hizo un llamado al que los Levitas respondieron y estos mataron a tres mil personas como castigo. Dios le dio más instrucciones a Moisés que establecieron el antiguo pacto, el cual duró por 1.300 años.

El libro de Deuteronomio marca el cambio de un pacto de afinidad a un pacto de vasallaje.

Cuarenta años habían pasado y Moisés debía pasar el liderazgo a Josué. Moisés era el representante de Israel en el pacto de afinidad y como iba a morir, el pacto debía ser renovado con el nuevo representante. En un pacto de afinidad, cuando uno de los reyes moría y se pasaba a su sucesor, el otro rey podía exigir modificar el pacto si no había funcionado bien. No podía cambiarse mientras el rey original estuviera vivo—y eso fue lo que pasó con Moisés.

Sabemos que Deuteronomio es un pacto de vasallaje porque está estructurado de la misma manera que esos pactos se hacían, en cinco partes:

  1. El preámbulo (Deut 1:1-5) — intro con la fecha, el lugar y el mediador.
  2. Prólogo histórico (Deut 1-4) — historia del pacto y si cada parte cumplió el pacto.
  3. Estipulaciones/obligaciones (Deut 5-26) — lista de los requerimientos del pacto, capítulos enteros con reglas.
  4. Sanciones finales y ratificación del pacto (Deut 27-30) — este es el acuerdo del pacto, donde el rey inferior acepta las estipulaciones del rey superior. Deut 27 y 28 hablan de las maldiciones por la desobediencia y bendiciones por la obediencia, lo que demuestra que es un pacto de vasallaje. Esas maldiciones no aplican en el nuevo pacto, porque Dios no nos maldice por nuestras malas decisiones (aunque asumimos las consecuencias).
  5. Continuidad del pacto y sucesión de la dinastía (Deut 31-34) — dice quien muere y quien es el sucesor.

NOTA: La teóloga Meredith Kline escribió un libro donde demuestra históricamente que Deuteronomio es un tratado de pacto entre Dios e Israel.

El libro de la ley era un apéndice que modificaba el pacto original, que eran las tablas de piedra dentro del arca. Por eso el libro estaba afuera del arca:

Tomad este libro de la ley y colocadlo junto al arca del pacto del Señor vuestro Dios, para que permanezca allí como testigo contra vosotros.
Deuteronomio 31:26

Las leyes del antiguo pacto no reflejan el corazón de Dios (el tal fue revelado en Jesucristo), simplemente reflejan unas normas civiles parecidas (aunque mejoradas) a las de otras naciones de la época. El ideal de Dios es Edén, pero no se puede alcanzar ese ideal en un estado no regenerado. Sin embargo, la Ley no era imposible de cumplir (ver Deuteronomio 30:11-20; Filipenses 3:3-6; Lucas 1:6).

Un pacto de vasallaje no se renueva con cada nuevo líder sino que sigue de generación en generación. Este pacto continuó por todo el Antiguo Testamento excepto por un corto periodo de tiempo con el rey David.

4. El pacto de Dios con David (Canon: 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Cantares, Proverbios, Eclesiastés y algunos Salmos)

Unos siglos después de Moisés, Dios hizo un pacto de otorgamiento con el rey David, en medio del pacto mosaico.

Ve y di a mi siervo David: “Así dice el Señor: ‘¿Eres tú el que me va a edificar una casa para morar en ella? ‘Pues no he morado en una casa desde el día en que saqué de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, sino que he andado errante en una tienda, en un tabernáculo. ‘Dondequiera que he ido con todos los hijos de Israel, ¿hablé palabra a alguna de las tribus de Israel, a la cual haya ordenado que pastoreara a mi pueblo Israel, diciendo: “¿Por qué no me habéis edificado una casa de cedro?”’” Ahora pues, así dirás a mi siervo David: “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘Yo te tomé del pastizal, de seguir las ovejas, para que fueras príncipe sobre mi pueblo Israel. ‘Y he estado contigo por dondequiera que has ido y he exterminado a todos tus enemigos de delante de ti, y haré de ti un gran nombre como el nombre de los grandes que hay en la tierra. ‘Asignaré también un lugar para mi pueblo Israel, y lo plantaré allí a fin de que habite en su propio lugar y no sea perturbado de nuevo, ni los aflijan más los malvados como antes, y como desde el día en que ordené que hubiera jueces sobre mi pueblo Israel; te daré reposo de todos tus enemigos, y el Señor también te hace saber que el Señor te edificará una casa. ‘Cuando tus días se cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. ‘El edificará casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre. ‘Yo seré padre para él y él será hijo para mí. Cuando cometa iniquidad, lo corregiré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombres, pero mi misericordia no se apartará de él, como la aparté de Saúl a quien quité de delante de ti. ‘Tu casa y tu reino permanecerán para siempre delante de mí; tu trono será establecido para siempre.’” Conforme a todas estas palabras y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.
2 Samuel 7:5-17

Aunque no hubo una ceremonia para el pacto, sabemos que es más que una promesa por lo que dice el Salmo 89:

Hice pacto con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, Y edificaré tu trono por todas las generaciones.
Salmo 89:3-4

Este pacto tiene cuatro promesas principales:

  1. Haré de ti un gran nombre.
  2. Te edificaré una casa.
  3. Seré tu Padre y tú serás mi hijo.
  4. Tu casa, tu reino y tu trono permanecerán para siempre.

Mientras el resto del pueblo seguía bajo un pacto de vasallaje, haciendo sacrificios y siguiendo la ley de Moisés, David entró en una relación íntima con Dios.

Tanto el pacto con Abraham como el pacto con David fueron bendiciones para ellos pero tendrían un cumplimiento más profundo en el nuevo pacto y serían de bendición para toda la humanidad. Pero el pacto con Moisés no estaba destinado a ser de bendición, sino que fue una carga pesada para Israel. Además, las tres veces que Melquisedec es mencionado en la Biblia es con Abraham (Gen 12), David (Salmo 110) y Jesús (Hebreos 7).

5. El nuevo pacto de Jesús (Mateo – Apocalipsis)

El nuevo pacto fue inaugurado alrededor de la última cena y la crucifixión. El canon del nuevo pacto comienza así: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” (Mateo 1:1), mostrando que Jesús cumple las promesas hechas por Dios a Abraham y David. El pacto con Moisés era temporal y fue reemplazado por el Nuevo Pacto.

¿Cómo se cumple el pacto con David en Jesús? Las cuatro promesas hechas a David están en el nuevo pacto:

Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Lucas 1:30-33

Cuando hablamos de Jesús como Rey, estamos declarando que Jesucristo cumplió el pacto con David. Cuando hablamos de Jesús como Mesías, declaramos que Jesucristo cumplió el pacto con Abraham. Zacarías, el padre de Juan el bautista, lo profetizó:

para mostrar misericordia a nuestros padres, y para recordar su santo pacto, el juramento que hizo a nuestro padre Abraham: concedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor en santidad y justicia delante de El, todos nuestros días.
Lucas 1:72-75

Jesús es llamado la simiente de Abraham, el padre de la fe. Pablo nos anima una y otra vez a imitar la fe de Abraham, pero nunca se nos llama a imitar a Moisés.

El Nuevo Pacto no perfecciona ni continua el pacto de Moisés sino que lo destruye. El Nuevo Pacto es totalmente opuesto y diferente al Antiguo Pacto con Moisés. Ver Gálatas 3.

Pero ahora Él ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Pues si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, no se hubiera buscado lugar para el segundo. Porque reprochándolos, El dice: Mirad que vienen días, dice el Señor, en que estableceré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Porque este es el pacto que yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y las escribiré sobre sus corazones. Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y ninguno de ellos enseñará a su conciudadano ni ninguno a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Pues tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca mas me acordare de sus pecados. Cuando Él dijo: Un nuevo pacto, hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer.
Hebreos 8:6-13

Cuando no entendemos los pactos, podemos pensar que los textos bíblicos del Antiguo Pacto aplican para nosotros y pensamos que Jehová es un Dios iracundo y castigador. Debemos recordar que el Antiguo Pacto no fue la idea original de Dios, no es lo que estaba en su corazón sino que fue lo que Israel pidió. Por eso Dios prometió destruirlo y reemplazarlo con la circuncisión del corazón, que es el nuevo pacto. En el nuevo pacto podemos estar seguros que Dios es un Padre amoroso que se relaciona con nosotros a través de un pacto de perdón.

El mensaje del nuevo pacto es el mensaje del reino, el cual Jesús comenzó a predicar cuando vino a la tierra y que la iglesia debe seguir expandiendo.

El Nuevo Pacto fue entre Dios padre y Dios Hijo, no entre el Padre y nosotros. Por eso, lo único que debemos hacer es permanecer en Cristo. Somos partes iguales del pacto en ese sentido, por lo que se trata de relación y no de control.

La ley del amor

No todo el Antiguo Testamento es el antiguo pacto, solamente el pacto mosaico. Cuando el Nuevo Testamento habla del antiguo pacto, habla de ese pacto y ese canon. Igualmente, no todo el Nuevo Testamento es nuevo pacto, pues en algunas partes habla del antiguo pacto. Por ejemplo, el siguiente pasaje en Mateo ilustra este punto:

uno de ellos, intérprete de la ley, para ponerle a prueba le preguntó: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y El le dijo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.
Mateo 22:35-40

En este pasaje Jesús hizo un resumen del antiguo pacto en dos mandamientos. Luego él daría su versión del nuevo pacto:

Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.
Juan 13:34-35

Ya no era amar a los demás como a sí mismo, sino con el amor de Jesús: un amor incondicional y perfecto.

Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado. Nadie tiene un amor mayor que éste: que uno dé su vida por sus amigos…. Esto os mando: que os améis los unos a los otros.
Juan 15:12-13, 17

Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros. 6 Y este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento tal como lo habéis oído desde el principio, para que andéis en él.
2 Juan 1:5-6

En esto conocemos el amor: en que El puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
1 Juan 3:16

Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros como El nos ha mandado.
1 Juan 3:23

Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera.
1 Timoteo 1:5

Mientras el Antiguo Pacto tiene 613 mandamientos, el Nuevo Pacto tiene uno solo. Y es en el Nuevo Testamento, donde vemos las diferentes aplicaciones prácticas de este mandamiento. Por ejemplo, una aplicación es la siguiente:

Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
Gálatas 6:2

La ley de Cristo es la ley del amor, el mandamiento de amarnos como él nos ama. Cuando entendemos que estamos en el nuevo pacto podemos caminar en santidad porque amamos a Jesús y no por temor a las reglas, sabiendo que somos perdonados no por nada que hagamos o dejemos de hacer sino porque creemos en él.

Pero cuando no entendemos cuál es el pacto en el cual vivimos, vamos a caer en legalismo y a vivir bajo condenación, intentando cumplir las reglas de un pacto antiguo que ya no tiene validez (reglas como no ponerse tatuajes, no comer cosas con sangre, etc.).

¡Gracias a Dios por ese pacto nuevo que tenemos en Cristo Jesús!

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