Cada vez que morimos a algo, automáticamente estamos negándonos a nosotros mismos y por ende estamos dándole la gloria a Dios.

Morir: llegar al término de la vida (término: último momento de la duración o existencia de algo).

Pedro es un gran ejemplo cuando de morir se trata, sin embargo, la experiencia de haber negado a Jesús tres veces luego de todos los momentos vividos junto a él, sin duda alguna marcó su vida.

Y es que a veces confundimos la muerte con la catalepsia: trastorno nervioso central caracterizado por la inmovilidad y la rigidez muscular, junto con una disminución de la sensibilidad al dolor.

Y es que la catalepsia se caracteriza porque la persona que la padece, pareciera que estuviera muerta, pero en realidad es un episodio momentáneo.

Cuando Pedro estaba en su clímax con Jesús, hizo hazañas realmente históricas, presenció momentos impactantes y tuvo palabras directas de Jesús, pareciera que realmente había muerto a sí mismo.

  • Hizo una pesca milagrosa Lc. 5:5-7
  • Presenció la resurrección de la Hija de Jairo Mr. 5:37-41
  • Caminó sobre el agua Mt. 14:28-31
  • Reconoció que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios Jn. 6:68-69
  • Presenció la transfiguración de Jesús Mr. 9:2-8
  • Cortó la oreja de un soldado para defender a Jesús Jn. 18:10-11

¡Pero oh sorpresa! Cuando estuvo solo, cuando en realidad se vio enfrentado al mundo sin Jesús, su mundo se vino abajo y negó conocerlo, Jn. 18:25-27.

Incluso la Biblia menciona que quien le preguntó que si era discípulo de Jesús era pariente del soldado a quien él le había tan osadamente cortado la oreja.

Pedro estaba en proceso de muerte, pero quizá la estaba confundiendo con catalepsia y a veces como cristianos somos así. Todo va muy bien cuando estamos avivados, cuando el fuego está fluyendo, pero cuando viene la prueba, literalmente cedemos al pecado y al mundo y le robamos la gloria a Dios porque no estamos muriendo realmente a nosotros mismos.

Luego Jesús muere, resucita y se aparece de nuevo a sus discípulos, y en un acto de misericordia, restaura la vida de Pedro, porque eso sí, definitivamente tenemos un Dios de miles de oportunidades, Jn. 21:15-19. Y entonces le dice a Pedro que literalmente le ceñirá otro y le llevará donde él no quiere y entonces con su muerte glorificará al Padre. Y efectivamente desde aquel día, Pedro experimentó lo que era negarse a sí mismo en vez de negar a Jesús. Y las cosas que experimentó y que vivió a partir de ese momento fueron realmente brutales. Y fue tan impresionante ese acontecimiento para él, que luego de tanta persecusión, lo arrestaron para crucificarle, y él admite que no es digno de morir igual que Jesús y pide que lo crucifiquen al revés, porque ya su vida, sus deseos, no le pertenecían, ya había renunciado a ellos, si no fuera así, por segunda vez hubiera huído para salvar su propia vida.

Entonces las preguntas que cabe hacernos son:

¿Estamos muriendo a nosotros mismos o simplemente estamos teniendo un momento de catalepsia, una muerte temporal?

¿Estamos dispuestos a negarnos a nosotros mismos (meditar en lo que ello implica) o estamos negando a Jesús con nuestras reacciones ante la adversidad, ante las pruebas?

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Gálatas 2:20

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