Hace unos días me escribió una tía para contarme que una señora, la mamá de su nuera, había muerto. Venía penando desde hacía varios meses y días antes de que aconteciera su muerte mi esposo y yo fuimos a orar por ella. Su hija viajaba nuevamente a España, donde vive y no quería irse con la zozobra de saber que ella seguiría así, sufriendo una agonía y precisamente un día antes de su viaje, la señora parte a la eternidad.

Cuando leí el mensaje de su muerte, Papá me pidió que le compartiera a su familia Romanos 8:38-39, dónde dice entre otras cosas, que ni la vida ni la muerte podrán separarnos de su amor. Y entonces se me clavó esa palabra en el corazón, porque muchas veces le tememos a la muerte. Y aunque para mí es un tema muy cultural, como cristianos debemos empezar a mirar la muerte física cómo una ganancia, así como la veía Pablo, pero es que es algo que sólo se logra cuando vivimos por Cristo y no por nosotros mismos, vuelve y juega lo de negarnos todo el tiempo.

Por otro lado, Pablo cita unas palabras muy confrontantes cuando les está hablando a los filipenses, les da las gracias por la ayuda que ellos siempre le han mostrado, pero también les recuerda que él sabe contentarse cualquiera que sea su situación, que ha sabido vivir en la necesidad y también en la abundancia, que en todo y por todo ha sido enseñado, porque su fortaleza viene de Cristo. Filipenses 4:11-13.

Para poder estar seguros de la afirmación: “para mí el morir es ganancia”, es necesario aprender a estar contentos en cualquier situación, porque cuando vivimos por y para Cristo, ni la muerte, ni las circunstancias de la vida nos pueden separar de su amor.

No es una tarea sencilla, no es fácil estar feliz en medio de una situación de tristeza o de adversidad, pero cuando en nuestra vida se reflejan los frutos del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, entonces se puede soportar cualquier situación con la mejor actitud, porque cómo decía el mismo Pablo, muchas de esas situaciones son leves tribulaciones momentáneas.

Entonces lo que me retumba en la cabeza y en el corazón hoy es que no hay por qué tenerle miedo a la muerte, pero tampoco a las circunstancias de la vida, porque cuando el vivir es Cristo, ninguna cosa creada ni ninguna situación nos puede separar de su amor.

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
Gálatas 5:24-25

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