Un comentario común de mis amigos y luego de las personas en mi congregación ha sido, “Te admiro mucho por se pastor, pues yo nunca podría hacerlo. Eso es muy difícil.” Otro comentario aún más honesto que he escuchado es, “Yo nunca sería pastor. Yo no sé usted cómo lo hace.”

Y la evidencia respalda esos comentarios. Entre los diferentes estudios que se han hecho, estos son los resultados de uno de ellos:

  • Cada mes 1500 pastores dejan el ministerio por conflictos, por sentirse quemados o por alguna caída moral.
  • El 57% de los pastores confiesa que renunciaría si tuviese otro lugar donde ir u otra forma de ganarse la vida.
  • El 60% de los pastores piensa que su dedicación al ministerio de la iglesia ha impactado negativamente su pasión por expandir el Evangelio.
  • El 45% de las esposas de pastores alertan del gran daño físico, emocional y espiritual por el cual pasan junto a sus familias.
  • Un 25% de las esposas indica que la agenda de sus maridos es una fuente de conflicto y afecta negativamente a sus familias.
  • El 90% de los pastores trabajan más de 50 horas a la semana y aun así no cesa la presión que cada de uno de ellos sienten porque el trabajo nunca está terminado y siempre se espera más de ellos.
  • El 94% de los pastores sufre presiones graves por la exigencia de tener una familia perfecta.
  • El 25% de los pastores no sabe a quién acudir cuando tienen problemas familiares o personales.

(Leer más: https://bit.ly/2Hl5j6F)

Si miramos al Nuevo Testamento, la posición moderna del pastor es algo que no aparece por ninguna parte. El que haya una persona o pareja que se encargue de predicar cada semana, aconsejar a los miembros, visitar enfermos, hacer funerales, casar parejas, entrenar líderes, administrar los recursos humanos y financieros de la congregación, además de ser esposos y padres y estar en la mira de todo el mundo, es algo que los primeros cristianos nunca se hubieran imaginado.

En la Biblia hay varias analogías para la iglesia: un cuerpo, una familia, un ejército, la novia de Cristo, una viña. En todas esas analogías, todos los miembros tienen una función especial y no hay jerarquías. Pero la posición moderna del pastor va en contravía a estas analogías. Por ejemplo, pensemos en un cuerpo. Imagínate que el estómago fuera nombrado el líder del cuerpo y tuviera que tomar todas las responsabilidades del corazón, el hígado, los riñones, el cerebro, etc. ¡Es imposible! ¡Sin embargo, eso es lo que se le está pidiendo a los pastores que hagan! El 95% de las personas en las congregaciones modernas son espectadores que van a la iglesia a “recibir”y esperan que el pastor y el líder de alabanza hagan todo por ellos.

Pero la iglesia original, la más cercana a Jesús, no era así. Todos participaban y todos ministraban de maneras diferentes (en orden, dirigidos por el Espíritu Santo).

¿Qué hay que hacer, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada cual aporte salmo, enseñanza, revelación, lenguas o interpretación. Que todo se haga para edificación. Si alguno habla en lenguas, que hablen dos, o a lo más tres, y por turno, y que uno interprete; pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí y para Dios. Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen. Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle. Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados.
1 Corintios 14:26-31

Ahora bien, alguien podrá decir que para que el pastor no haga todo, debe contratar pastores asociados y tener líderes encargados de diferentes ministerios. Y así funcionan las iglesias grandes o mega iglesias—como empresas. Pero la iglesia no es una empresa. Es un cuerpo. Es una familia. Y en una familia todos se cuidan unos a otros, todos se conocen entre ellos. Pero ese no es el caso en una mega iglesia.

Algunos dirán que la iglesia también es un rebaño. Pero no es así. Jesús dijo en Juan 10 que Él es el buen pastor y que sus ovejas oyen su voz refiriéndose a aquellos que habrían de ser salvos, tanto judíos como gentiles.

Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.
Juan 10:16

Dice que hay un solo pastor: Cristo. No pastores entre las ovejas. La alegoría del pastor y las ovejas no es una imagen para describir a la iglesia, sino para describir la obra del Mesías en un lenguaje que la gente de la época iba a entender, ya que era algo de su cotidianidad. Además, si comparas el rol de oveja con la forma en que la Biblia describe la iglesia (ekklesia), no tiene sentido. Las ovejas son torpes, pasivas, ciegas, etc. Pero en lugar de eso, el Nuevo Testamento nos dice que somos piedras vivas, reyes y sacerdotes, embajadores del reino, mas que vencedores, coherederos con Cristo y que las puertas del infierno no prevalecerán contra la ekklesia. Eso no encaja con la analogía del rebaño.

En nuestros tres años y medio como líderes de una congregación mi esposa y yo vivimos en carne propia el peso, la presión y la deshonra que acompaña el pastorado moderno. Igual, he conversado con otros pastores en mi ciudad y he comprobado lo duro que ha sido para sus finanzas, emociones y familias. Todo esto me llevó a estudiar el origen histórico del “pastor” y lo que encontré me conmovió hasta lo sumo.

En este escrito no tengo el espacio para describirlo, pero puedes leer más sobre el tema en el capítulo 4 de este libro.

El llamado

Cada uno de nosotros tiene una función y un llamado dentro del cuerpo de Cristo. El problema es que muchas veces nos distraemos de nuestro llamado por tratar de encajar en las expectativas de la gente y las tradiciones de la iglesia moderna.

Cuando Diana y yo llegamos a Medellín, vinimos con la idea de ser una iglesia diferente, no una más del montón. Y de cierta manera, la gente nos reconoce porque no somos religiosos y hay libertad para muchas cosas y salimos a las calles a orar por la gente y a hacer milagros.

Sin embargo, luego de tres años y medio de haber comenzado, sentimos que no hemos cumplido nuestra misión a cabalidad y que nos hemos desenfocado haciendo cosas que no fuimos llamados a hacer. Ya sea por la influencia de otros que vinieron a darnos consejo, o que hicieron parte del liderazgo en algún momento, o por nuestra inexperiencia como pastores o por compararnos con otros ministerios y querer emular sus resultados; nos desenfocamos de la misión.

La realidad es que nuestro llamado desde el comienzo ha sido levantar un ejército de avivadores. Nuestra misión es entrenar y enviar personas a que extiendan el reino en sus áreas de influencia: en las oficinas, universidades, en las calles, o en donde quiera que estén.

El problema es que aunque hemos hecho eventos y entrenamientos, nos hemos dedicado mucho a ser también una iglesia local y pastorear a los miembros de la congregación. Nos hemos enfocado por momentos en ser como las demás iglesias, con servicios de adoración para que la gente venga y crecer en número. Pero Jesús no dijo “vengan” sino que dijo “vayan”.

Hay una frase muy popular que se la adjudican a Einstein que dice más o menos que, la locura es seguir haciendo las mismas cosas y esperar resultados diferentes. Si queremos impactar el mundo con el evangelio, no podemos seguir jugando a la iglesia. Si no entendemos nuestro llamado, no vamos a tener éxito y nos vamos a frustrar haciendo cosas que no debemos hacer. Es hora de cambiar. Cambiar nosotros y cambiar el mundo.

Renunciamos a ser pastores porque no necesitamos ese título para cumplir con nuestro llamado. No estamos quemados, ni tristes ni frustrados. Estamos súper emocionados.

Ahora nos embarcamos en una nueva aventura, donde queremos volver al modelo original de lo que es la iglesia del Nuevo Testamento. Para saber más sobre eso, te invito a visitar www.laekklesia.com

Vamos a hacer iglesia en casas y vamos a entrenar avivadores para el reino en toda América Latina.

Sé que este escrito va a tener reacciones diferentes. Algunos me tildarán de hereje o rebelde, o intentarán sacar textos bíblicos que apoyen el pastorado moderno (la verdad es que es muy fácil demostrar cualquier punto de vista con un montón de versos fuera de contexto). Pero otros que están leyendo esto quizás sientan que estoy poniendo en palabras algo que ya habían sentido pero que no habían podido expresar.

En ningún momento quiero demeritar el trabajo ni juzgar las intenciones de los pastores—yo sé que aman a Dios y a la gente y hacen lo mejor que pueden y están extendiendo el reino. Los honro por eso. Sólo quiero decirles que quizás hay una mejor manera y que esa manera está en la Palabra de Dios, no en las tradiciones de los hombres. No tienes que estar de acuerdo conmigo. Pero busca en tu Biblia y estudia la historia de la iglesia con una mente abierta.

y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Juan 8:32

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