Gerardo va en un bus público, pensando en su precaria condición económica. En una parada se suben un hombre mayor y su hijo adulto y se sientan detrás de él. Los recién llegados comienzan a hablar y el padre le dice a su hijo: “Cuando me muera, la casa y la finca serán tuyas. Te las dejo como herencia.”

Gerardo escucha esto y pone su imaginación a volar. ¿Qué haría él si tuviera una casa y una finca a su nombre? Su situación financiera sería diferente. Pero un momento, quizás la casa y la finca también sean para él. No puede ser coincidencia que estén en el mismo bus y que él haya escuchado la promesa del padre a su hijo. De hecho, esa promesa debe ser para toda la gente en el bus, pues fue declarada en voz alta en ese lugar. Gerardo se voltea y le da las gracias profusamente al padre, quien lo mira con sorpresa.

Convencido de que esa promesa es para él, Gerardo se baja del bus muy feliz y todos los días da gracias al cielo por la casa y la finca que le llegarán, sin hacer nada más al respecto. “Muy pronto,” se dice así mismo, “yo tengo fe.”

Suena ridículo, ¿cierto? Tomar promesas ajenas y hacerlas propias. Pero es un error muy común en las interpretaciones de versos bíblicos que todos los días se escuchan en los círculos cristianos. “¡En la Biblia hay cientos de promesas y todas son para ti!”

¿En serio? ¿Así no más? ¿Yo escojo la que me apetezca y ya, como por arte de magia todo es mío? ¿Y qué pasa con las promesas de juicio y destrucción en el Antiguo Testamento, también aplican o solamente las que son positivas? Nos han hecho pensar que porque todos estamos en el mismo bus del cristianismo, podemos tomar las promesas de otros como si fueran nuestras. Pero eso va en contra de la lógica y de la hermenéutica (arte de explicar e interpretar) bíblica.

Ciertamente hay promesas bíblicas que son para todos los que estamos en Cristo y tienen que ver con la justificación por fe, la sanidad física, la libertad espiritual y todo lo que Cristo ganó para nosotros a través de su sacrificio en la cruz.

Pero hay muchas otras promesas para individuos en las historias bíblicas que no son necesariamente para todos los creyentes. Te voy a dar dos ejemplos.

Buscan en Google la frase, “todo lo que pisare la planta de vuestro pie será tuyo” y encontrarás videos de predicas y artículos diciéndote que te apoderes de esa promesa y reclames tu ciudad, tu empresa, el terreno que deseas, la casa de tus sueños, etc.

Pero esa fue una promesa específica para el pueblo de Israel que iba a tomarse Canaán. Dios se lo dijo a Moisés en Deuteronomio 11:24 y luego se lo confirmó a su sucesor en Josué 1:3. Algo interesante de esta promesa es que Israel debía cruzar el Jordán y luchar contra los cananeos, haciendo guerra por muchos años. La mayoría de quienes se toman esta promesa ajena son como Gerardo, el de la historia del bus. Reclaman su promesa y no hacen nada al respecto, esperando que les caiga del cielo su “bendición”.

De cualquier forma el punto es que esa no es una promesa para todos los creyentes. Si deseas orar que Dios te dé tu ciudad, tu empresa o tu barrio, maravilloso. Pero pon manos a la obra y extiende el reino con poder y acción, no con simples declaraciones bonitas. Si deseas una casa nueva o una finca, ora por sabiduría y trabaja o invierte inteligentemente para obtener los recursos y comprarla—no te quedes con la esperanza que la promesa de Josué se te aplique por osmosis, pues hasta ellos tuvieron que luchar, poniendo su confianza en Dios y dirigidos por su Espíritu.

Otra promesa ajena muy citada está en Hechos16:31: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa”.
Esto se lo dijo Pablo al carcelero de Filipos, quien fue testigo del poder de Dios en medio de un terremoto sobrenatural. De hecho, el hombre creyó y fue bautizado con su familia.

Estoy seguro que te han dicho que esa promesa es para ti, que la reclames al orar por tus seres queridos. ¡Dios prometió salvar a tu familia! Ahora, te pregunto… Hoy en día, ¿cuando una persona se convierte, toda su familia también lo hace? Muy pocas veces. La verdad es que todos tenemos familiares que han rechazado y siguen rechazando el evangelio. ¿Entonces la promesa te falló?

Si miramos el contexto del verso, vemos que es una situación específica, un caso particular, en el que Pablo le profetiza al carcelero lo que va a pasar cuando él ponga su fe en Jesucristo. No es una revelación dada por Pablo (como las que da en sus epístolas) de una promesa eterna para todos los creyentes. Obviamente Dios quiere que las familias sean salvas, y si oramos fervientemente Dios intervendrá a nuestro favor. Pero ese verso no es una promesa incondicional para ti.

La mala interpretación bíblica se da cuando no entendemos el contexto histórico y cultural. En la cultura de oriente y oriente medio tienen una mentalidad colectiva, especialmente en tiempos bíblicos, donde la decisión que tomara el padre de familia era la decisión de toda la familia. Así que si el padre decidía cambiar de religión, automáticamente toda su familia lo haría. No es así en nuestra cultura occidental donde valoramos el individualismo y la autosuficiencia.

Si en nuestro contexto un padre de familia decide seguir a Cristo, la esposa y los hijos deciden por sí mismos si creen o no. ¿Eso es bueno o malo? Es debatible. Simplemente es nuestra cultura. Pero en oriente es diferente y eso se refleja en la historia de Hechos 16.

El principio de la bondad de Dios y su deseo de darnos posesiones y de salvar a nuestra familia sigue siendo válido. Pero una cosa es entender el corazón de Dios en una situación y nuestra responsabilidad de escuchar su voz y entender su voluntad, y otra cosa es usar promesas ajenas como fórmulas mágicas.

Conozco de gente que va pisando (y hasta orinando) propiedad ajena para “reclamarla en el nombre de Jesús”. Luego no obtienen lo que supuestamente Dios les prometió y pierden su fe.

Otros se apegan a la promesa ajena del carcelero y esperan que Dios salve a su familia pero no se ocupan de dar buen testimonio ni amarles sin juzgarles, como lo haría Jesús. Conocí a una mujer que oraba con ese verso por su familia pero a la vez peleaba con ella todo el tiempo y los criticaba sin cesar.

Y ese es el problema con las promesas ajenas: son esperanza sin responsabilidad, sin acción.

La mayoría de promesas en la Biblia son condicionales: “Si obedeces…. entonces….”, “Si crees… entonces…” “Si permaneces en mi… entonces…” Igualmente, el apóstol Pablo en sus cartas usa dos verbos muy a menudo: conocer y caminar. O sea, entender lo que Dios quiere y actuar. Santiago lo dice en su carta: la fe sin obras es muerta.

Cuando entendemos las verdaderas promesas de Dios para nosotros vamos a recibir instrucciones y dirección para nuestro caminar diario. Vamos a estar conectados a Dios en intimidad para crecer en sabiduría y tomar buenas decisiones. Vamos a conquistar.

Related Post

Comentarios

comments