Habiendo crecido en la iglesia desde niño, la idea que absorbí de mi entorno acerca de la expansión del reino era la de tener más convertidos cada domingo. Más cristianos significaba que el reino se había expandido.

Muchos años después cuando comencé a estudiar acerca de la plantación de iglesias, esa idea fue cimentada cuando me dijeron que la forma que Dios se inventó para expandir el reino era la iglesia local. Que no había mejor manera.

Por eso es que cuando mi esposa y yo plantamos una iglesia unos años más tarde y empezamos a pastorear, estábamos convencidos de que estábamos expandiendo el reino. Pero nuestro esfuerzo y energía en el ministerio, como el de la mayoría de pastores, se enfocaban en atender las necesidades de la gente en la congregación (gente que ya estaba en el reino) y en planear reuniones y eventos sin cesar (pues al finalizar una reunión de domingo, pronto llega la del siguiente domingo). Si eso era expandir el reino, no parecía que se estuviera expandiendo mucho. Sí, había gente nueva que conocía al Señor. Unos se quedaban, otros no. La idea era entonces crecer en número y así expandir el reino, porque es acerca de cantidad, ¿verdad?

¿O sea que sólo las mega iglesias están expandiendo el reino? Porque si la expansión se mide en membresía, es una carrera por tener cabezas. Y en esa carrera ni siquiera hay que enseñar del reino o predicar el evangelio. Como me dijo una vez un pastor de una mega iglesia: “La gente busca tres cosas en una iglesia y nosotros las tenemos: buen ministerio de niños, buenos baños y suficiente parqueadero.”

Algo no está bien en este sistema. Especialmente cuando notas que una ciudad como Bogotá es la ciudad con más mega iglesias per capita en nuestro continente pero la ciudad como tal no ha cambiado. Hay muchos más cristianos (decenas de miles) que hace unos años, pero el impacto en la moralidad, la seguridad y el progreso de la ciudad, no es evidente.

Una mega iglesia no es sinónimo de mega impacto en la ciudad, así como la asistencia masiva a un concierto no es sinónimo de nivel cultural.

Jesús enseñó que el reino de Dios no es físico, no es de este mundo.

Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles.
Lucas 17:20

Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí.
Juan 18:36

La realidad del reino de Dios no se mide por los edificios o las multitudes, por los programas o los eventos sino por una transformación de la realidad espiritual que afecta la realidad material.

La imagen que nos da la Biblia es la de un reino que crece como una montaña que cubrirá todos los demás reinos y que nunca tendrá fin.

Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; quedaron como el tamo de las eras en verano, y el viento se los llevó sin que quedara rastro alguno de ellos. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra.
En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo; desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre
Daniel 2:35, 44

La palabra reino viene del castellano antiguo reyno, y este del latín regnum, a su vez de rex, “rey”, de una raíz que significa “gobernar”. Un reino es un estado gobernado o encabezado por un rey. El Reino de Dios es una medida del gobierno y la influencia del Rey Jesucristo, su dominio. Cuando se expande el reino, se expande el dominio de Cristo.

Cuando entendemos la realidad espiritual de un reino que avanza y se extiende podemos entender las implicaciones de la gran comisión. Imagínate un país dividido entre este y oeste donde dos reyes diferentes gobiernan—uno bueno y uno malo—y ambos están enfrentados en una guerra (sólo que en este caso, el rey bueno es infinitamente más poderoso que el rey malo). La forma en que el reino del Rey bueno se extienda es ganando territorio del reino del rey malo, hasta que todo el país quede bajo su dominio y ya no haya ninguna parte del país bajo el dominio del rey malo (como en la visión del monte del profeta Daniel).

Cuando entendemos esto, vemos que incluso el ganar almas para Cristo, es parte del plan eterno, pero no necesariamente implica una expansión del reino. Es un traslado de reino.

Porque El nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado
Colosenses 1:13

Es como gente en el lado del rey malo escapando de la tiranía de su gobierno y convirtiéndose en ciudadanos del reino del Rey bueno. Es algo maravilloso, por ejemplo, cuando vemos a nuestros hermanos venezolanos escapar de las condiciones opresivas de su país y venir a Colombia a mejorar su calidad de vida. Sin embargo, aunque el gobierno venezolano perdió ciudadanos en su territorio, sigue teniendo dominio sobre el país.

Por eso es que el número de cristianos en una ciudad no necesariamente refleja el dominio actual del reino de Dios. ¿Has visto alguna vez videos de los campos de refugiados en el medio oriente o en África? Miles de personas que huyeron de su país viven en carpas, encerrados en una zona específica y en condiciones de pobreza. Son libres de la opresión y la guerra de su país de origen, pero no viven como ciudadanos del nuevo país. Cuando llega la ayuda humanitaria, corren en masa para recibir comida y ropa gratis. Se llenan la barriga, estrenan ropa y se van, para después de un tiempo estar hambrientos otra vez y esperar que vengan a darles más. ¿Te suena familiar? Muchos creyentes han sido salvados del dominio del enemigo pero no viven como ciudadanos del cielo sino como refugiados, asistiendo a la iglesia para que les den comida espiritual gratis cada semana. Puede ser que físicamente no parezcan unos refugiados, pero espiritualmente lo son, pues dependen de otros para su sustento y no tienen una vida de poder ni victoria. Andan derrotados y oprimidos emocionalmente.

Pero el reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo y sabemos que está presente dondequiera que la oscuridad es dispersada.

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.
Romanos 14:17

Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Mateo 12:28

sanad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.”
Lucas 10:9

Esto implica que una evidencia de la expansión del reino es la manifestación sobrenatural del poder de Dios trayendo sanidad y liberación. Cuando manifestamos el poder de Dios en nuestras áreas de influencia estamos haciendo retroceder el reino de las tinieblas. Cuando lo hacemos constantemente y en nuestros hogares y lugares de trabajo hay una cultura de reino (donde lo sobrenatural es natural y se manifiesta el fruto del Espíritu Santo entre las personas), allí se ha expandido el reino verdaderamente.

Pero cuando los creyentes son agentes secretos en sus casas y en sus lugares estudio o trabajo y no manifiestan a Cristo, no están expandiendo el reino.

El reino le fue dado a Jesús como el Rey y Mesías descendiente de David. Y él nos ha dado el reino a nosotros como sus coherederos.

No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino.
Lucas 12:32

Ahora somos embajadores del reino, reyes y sacerdotes, una nación santa. Debemos tomar la autoridad que nos ha sido dada y ejercerla.

Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!
2 Corintios 5:20

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.
1 Pedro 2:9-10

El reino de Dios es como un árbol que crece hasta ser el más grande del jardín, como levadura que hace crecer toda la masa. Así seas uno solo, puedes tener un gran impacto.

Les contó otra parábola: «El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas». Les contó otra parábola más: «El reino de los cielos es como la levadura que una mujer tomó y mezcló en una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».
Mateo 13:31-33 (NVI)

Nota el verbo de la segunda parábola: mezcló. Para expandir el reino tenemos que “mezclarnos” con el mundo y afectarlo de manera que sea transformado. La masa no afecta la levadura, sino que la levadura afecta toda la masa y la hace crecer, la hace levantarse a un nuevo nivel.

El engaño del espíritu religioso es decirnos que si andamos con no creyentes nos vamos a contaminar. Por eso los fariseos criticaron a Jesús, pues comía con pecadores. Jesús pasaba más tiempo en las calles que en el templo, pero los religiosos se mantenían en el templo y tenían ritos de purificación cada vez que regresaban del mercado o la calle, pues según ellos se habían contaminado.

No podemos expandir el reino encerrados en burbujas cristianas. Tenemos que hacer lo que dijo Jesús e ir.

Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.
Mateo 28:18-20 (NVI)

Vayan. Ese es el mandato. En el griego, vayan es poreuthentes que significa “habiendo ido por el camino” o más específicamente “yendo”. Se refiere a el moverse de un lado a otro en la vida diaria, no el hacer viajes misioneros.

Cuando vamos al griego, literalmente, Mateo 28:19 dice: “Por lo tanto vayan y discipulen todas las naciones”. El cómo se discipulan naciones y no sólo individuos en las naciones es el tema de otro artículo. Pero el punto aquí es que debemos ir más allá del evangelismo que lleva gente a la iglesia y la aparta del mundo cortando sus “amistades mundanas” y convirtiéndola en personas religiosas que dejan de tener un impacto en la sociedad por temor a contaminarse. Debemos hacer un evangelismo que transforme familias, barrios, ciudades y naciones. Debemos invadir cada área de la sociedad donde Dios nos ha puesto o nos llama a ir con el poder de Dios. Tenemos la autoridad para establecer el reino y disipar la oscuridad.

En lugar de llevar a tus compañeros de trabajo a la iglesia, empieza un grupo de oración en tu trabajo—así la presencia de Dios invadirá tu oficina y la realidad espiritual de la empresa empezará a cambiar. Recuerda que el mandato es “vayan” no “traigan”. Dejemos de simplemente sacar gente del terreno del diablo. Vamos a invadir el terreno enemigo y tomarlo para nuestro Dios.

¡Vamos a expandir el reino!

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