Por Diego Pineda

La historia de la iglesia nos muestra que cuando no honramos al Espíritu Santo, no hay avivamiento y la iglesia está muerta en el legalismo y las tradiciones de los hombres.

En cada avivamiento, Dios resalta una verdad que la iglesia ha perdido y debe recuperar. Por ejemplo, en la reforma protestante con Martin Lutero fue volver a la autoridad de la Biblia y la salvación por fe. Sin embargo, los reformadores de la época no tuvieron una revelación de la verdad perdida del poder del Espíritu Santo.

Esa verdad vino años después, en parte con los evangelistas ingleses y americanos de los siglos 18 y 19 como los hermamos Wesley, Jonathan Edwards y Charles Finney entre otros, pero con mayor fuerza en el avivamiento de la calle Azusa en los Angeles.

Sin embargo, muchos en la iglesia rechazaron y hasta el día de hoy rechazan el mover del Espíritu Santo como si fuera contrario a la Biblia, simplemente porque no encaja con sus doctrinas de hombres.

Esto ha creado una división en la iglesia entre los que supuestamente son de “la Palabra” y los que son del “Espíritu” como si fueran excluyentes. El Espíritu nos lleva a la Palabra, pues fue El quien la inspiró y la Palabra nos lleva al Espíritu porque de principio a fin nos habla de El.

LA ANALOGÍA DEL AVIÓN
El funcionamiento de un avión nos puede ayudar a entender la necesidad de un balance entre la Palabra y el Espíritu.

¿Cómo funciona un avión? De forma muy resumida podemos decir que un avión funciona y vuela gracias al impulso del motor que lo hace avanzar en conjunto con el funcionamiento de las alas–las que gracias a su forma permiten que la presión del aire que pasa por sobre ellas sea menor a la presión que pasa por debajo. Eso lleva a la sustentación del avión en el aire, es decir, el vuelo.

avion

Las alas de un avión son como la Palabra y el motor es como el Espíritu Santo. La Palabra nos inicia en el vuelo del cristianismo con el mensaje del evangelio y nos mantiene estables en la fe, no dejándonos caer en el error, así como las alas mantienen al avión estable en el aire. De la Palabra obtenemos vida (sin alas el avión se estrella) y conocimiento de Dios.

En un avión es la presión del aire alrededor de las alas lo que causa que el avión se eleve, pero las alas por sí solas no elevan el avión, sino que es la acción del viento. Igualmente, la Palabra escrita por sí sola no nos lleva a una relación con Dios sino tenemos una palabra rhema, hablada con el aliento de Dios. Necesitamos que la Palabra escrita (logos) se convierta en una palabra hablada (rhema) para llevarnos a una nueva vida con Cristo.

El despegue es como el proceso del nuevo nacimiento en el que recibimos la Palabra (las alas) y el Señor sopla su viento sobre nosotros para cambiarnos de naturaleza, así como Jesús sopló sobre sus discípulos después de resucitar (Juan 20:22)

El motor de un avión le da el empuje hacia adelante y la velocidad necesaria para generar las fuerzas que le ayudarán a vencer los límites de la gravedad que lo mantienen pegado a la tierra. De la misma manera, el Espíritu Santo es quien nos transforma de gloria en gloria a la imagen de Cristo y nos lleva a nuevos niveles espirituales.

Las iglesias tradicionales aman la Palabra pero no le dan lugar al mover del Espíritu Santo. Son como aeroplanos gigantes que no tienen motor. Tienen que empujar el avión con sus propias fuerzas y lanzarse de una montaña para tomar vuelo y llegar a algún lado. Tienen cierta efectividad pero es una tarea ardua y no van muy lejos ni muy rápido. Los aeroplanos no pueden volar tan alto ni por tanto tiempo como un avión con motor.

Otras iglesias buscan al Espíritu Santo pero no tienen profundidad en la Palabra. Tienen una turbina de avión en la mitad de su santuario. La encienden y se emocionan con el ruido que hace y el viento que sopla y que los tira al piso con fuerza. Atraen mucha gente al interior de la iglesia, pero como no tienen alas para volar se quedan ahí dentro jugando con el motor, que eventualmente sale volando fuera de control y destruye todo a su alrededor.

¿Hay algo de malo en alguno de los dos? No, ambos son necesarios y válidos, pero deben actuar juntos. Así como un avión necesita tanto las alas como el motor, nosotros necesitamos al Espíritu Santo y la Palabra, para cumplir nuestra visión de ser como Jesús en carácter y en poder.

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