Hay un versículo que Dios me regaló hace muchos años y que hoy me recordó.

“Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho”.
Isaías 53:11

Este versículo está hablando de Jesús… ¿No te parece hermoso? ¿Lo conocías? ¿Habías meditado en él?

Tú y yo somos el resultado de todo lo que padeció en la cruz, como dice el versículo, de toda la aflicción de su alma, en otras palabras, del sufrimiento, del dolor, de la angustia que tuvo que experimentar en esa cruz.

La cruz era símbolo de humillación, desprecio y vergüenza y cómo si fuera poco, fue exhibido como un vulgar criminal, en medio de otros criminales, además todo su sufrimiento y agonía se convirtieron en un espectáculo público.

Sabías qué…

  • Los azotes romanos no tenían límites, en la ley judía sólo se permitían hasta 40 azotes por reo, pero los romanos no paraban. El látigo que utilizaban era de cuero, con varias ramificaciones y con puntas de acero y hueso, de aproximadamente 3 o 4 metros de largo, de esta manera cuando se lanzaba el primer latigazo, se enredaban en el pecho y espalda de la víctima, desgarrando tanto la piel como el tejido subcutáneo. ¿Te puedes imaginar lo que experimentó Jesús..? Dicen los historiadores que, en la mayoría de las veces, las víctimas no podían soportar la tortura de la flagelación y morían mucho antes a causa del dolor.
  • La corona de espinas que le pusieron fue de los nopales de la Palestina, según Josefo, estas espinas medían 3 pulgadas y medio de largo, es decir, que cuando lo coronaron le perforaron el cráneo, y esto le produjo un sangrado abundante… ¿Te has enterrado un chucito? Ha dolido terriblemente, ¿cierto? ¿Te imaginas lo que él sintió?
  • La cruz producía fricción al cargarla y además, el rasgamiento de la carne. La cruz debía ser insertada en un hoyo para que al pararla se sostuviera, por lo tanto, al levantarla, la cruz se hundía en el hoyo y con ella el cuerpo de la víctima y los clavos, que por cierto, medían aproximadamente 6 pulgadas de largo, eran colocados en la muñeca, y al caer la cruz, el cuerpo se rasgaba en la muñeca, en los pies y por ende, los tendones.
  • La muerte en la cruz, era la muerte más lenta, más cruel y más sofocante, y además los soldados romanos se encargaban de hacer de esta un espectáculo público.

En esa cruz, Cristo sufrió vértigos, dolores, mareos, hambre, sed, calambres, fiebre traumática, mortificación, incluso hay algunos estudiosos de la palabra que se han atrevido a afirmar que todas las enfermedades del mundo, todas, las padeció mientras estuvo allí y cómo si fuera poco, aquellos despiadados y desalmados soldados, para asegurarse de que estuviera muerto, le clavaron una lanza en el costado, atravesando su pericardio, y es en ese momento cuando la Biblia narra que brotó sangre y agua… Así que hay mucha más información y datos escalofriantes de su muerte, pero creo que, con lo antes descrito, ya podemos entender por qué el versículo dice textualmente: AFLICCIÓN DE SU ALMA.

Pero ahora pasemos a la segunda parte del versículo. Mientras él sufría cada una de estas torturas, estaba siendo germinada dentro de él una semilla que daría un fruto: TÚ Y YO.

Hay un versículo en Heb. 12:2 que dice: “Por el gozo puesto delante de él, soportó la cruz”. Y si unimos este versículo con el de Isaías, podríamos deducir que ese gozo fue vernos a ti y a mí llevando una vida rendida a sus pies.

¿Te ha pasado que, en medio de una situación de sufrimiento o angustia, empiezas a imaginar cosas bonitas para de alguna manera menguar el dolor o la preocupación? Algo así hizo Jesús en la cruz.

En medio de su aflicción, pudo vernos a ti y a mí, postrados a sus pies, derretidos de amor, adorándole, agradeciéndole, amándole, pudo imaginarse cada momento de intimidad contigo y conmigo, pudo verse en una velada romántica, pudo ver cómo lo consentíamos y hacíamos nuestro mayor esfuerzo para hacerlo feliz, y todo esto lo hizo sentir satisfecho, es decir, complacido, contento, logrando así soportar semejante tortura.

Ahora la pregunta que cabe hacernos es: ¿Estás siendo el fruto que Jesús esperaba que fueras? Hoy oro para que tú y yo podamos ser un fruto que deleite a Papá, que haga sentir complacido a Jesús y que sea guiado por su Espíritu Santo. ¡Oro para que nos rindamos ante él y desnudemos nuestro corazón, viviendo plenamente para él!

“Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.
Juan 3:16

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